Desnudando la cultura del miedo en el Perú
Por: Ubaldo Tejada Guerrero(*)

En el actual proceso electoral 2010-2011, la vieja derecha peruana ha seguido insistiendo que Ollanta Humala pretende regular los medios de comunicación en caso de llegar a la presidencia. Se trata de la utilización del miedo a través de los distintos aparatos ideológicos que dispone (periódicos impresos y digitales, canales de televisión, radio, la iglesia católica romana (opus dei) y algunos sectores conservadores de la iglesia evangélica (teología de la prosperidad). Pero el pueblo peruano abre surcos de verdad.

 

Para la derecha neoliberal peruana, cualquier proyecto político que intente o proclame incluir política, económica y socialmente al pueblo excluido del “chorreo” neoliberal, o que declare querer distribuir equitativa e igualitariamente los limitados recursos del Perú, actúa en forma irresponsable e irracional, es una amenaza a la supervivencia del modelo de crecimiento, de la sociedad y de la vida misma sobre el territorio nacional; en consecuencia, hay que combatirlo con todas las armas disponibles.

Como sabemos, los ideólogos de la democracia liberal, sostienen que liberalismo y democracia son inseparables, entendiendo por democracia, las libertades públicas, el pluralismo político, elecciones libres, los derechos humanos garantizados, etc. Estas son banderas que hoy levantan los dos candidatos para la segunda vuelta presidencial. Pero la derecha peruana se presenta como la única defensora de los mismos. Curiosamente los últimos treinta años han sido los partidos de derecha quienes han gobernado Perú, con políticas que han dejado como resultado el empobrecimiento de la mayor parte de la población, permitiendo un mayor enriquecimiento de la clase alta y el saqueo de los recursos naturales del país por el capital trasnacional.

Así, nuestra alimentación actual depende de unas pocas variedades agrícolas y ganaderas. Tan solo cinco variedades de arroz proporcionan el 95% de las cosechas en los mayores países productores y el 96% de las vacas de ordeño pertenecen a una sola raza, la frisona-holstein, la más común a nivel mundial en producción lechera. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un 75% de las variedades agrícolas han desaparecido a lo largo del último siglo.

Lo cierto es, que atrás está una plutocracia mundial que tiene la capacidad militar, tecnológica, científica y financiera, para imponer al resto del mundo un nuevo modelo de organización social y económica con ellos, o sus operadores políticos (ONU, FMI, G8, OMC, AMI, OTAN) a la cabeza. A su vez, las élites del Perú como país emergente, al parecer han entendido y aceptado como válida, o por lo menos temporalmente inevitable, esta situación y es por ello que hemos visto en la última guerra de saqueo colonial en contra del Perú desde 1990 hasta el 2011.

La industria cultural de estas élites peruanas han jugado un importante papel preparando a la sociedad para aceptar las tesis que esta oligarquía mundial ha diseñado: las películas catastrofistas de trasfondo ético-ambiental han ido haciendo un nicho en la psiquis colectiva de la población mundial con el mensaje de que los causantes de todos los males de la tierra somos los humanos, “todos los humanos”, “toda” la especie humana, sin distinción, sin culpables directos, por lo tanto, controlar, limitar o reducir el número de individuos de nuestra especie es bueno, es ecológicamente necesario.

Para estas élites el control de la natalidad de las masas empobrecidas del sur del mundo tiene carácter estratégico y de seguridad mundial. Estudian planes de acción y estrategias que permitan la rápida y progresiva eliminación de lo que ellos consideran población sobrante; para ello, es válido el desarrollo de guerras, desastres climáticos (sistema Haarp), hambrunas, desarrollo en sus laboratorios de ingeniería genética de nuevas formas virales que produzcan epidemias (sida, ébola, gripe aviar, gripe porcina, nuevas cepas de enfermedades de transmisión sexual que generen esterilidad), introducción de elementos esterilizantes en alimentos (trasgénicos) y fármacos que están causando enfermedades muy “raras”.

Hoy, más que nunca, en un contexto de crisis alimentaria, es necesario apostar por otro modelo de agricultura y alimentación que se base en los principios de la soberanía alimentaria y la agroecología, al servicio de las comunidades y en manos del campesinado local (serrano y selvático). Mantener, recuperar e intercambiar las semillas campesinas es un acto de desobediencia y responsabilidad, a favor de la vida, la dignidad y la cultura.

Pero el verdadero pánico en los mercados financieros del Perú, lo ha desatado las muy silenciadas noticias sobre la disminución de las reservas mundiales de petróleo y la certeza de que hace ya más de una década se traspasó el cenit mundial de la producción petrolera, esto es, el momento en que la cantidad de reservas probadas y probables alcanzaron su punto máximo (peack oil) y comenzaron a disminuir. Cuanto menos petróleo haya en el mundo menos crecimiento económico habrá y menores serán las posibilidades de que el capital especulativo (el 90% del dinero que circula diariamente en el mundo) se transforme en riqueza real o física.

Pero los modales democráticos se mostraron el 21 de abril 2011, aprovechando los días de Semana Santa, la derecha sacó sus garras en “defensa de la libertad”; el Canal N de televisión, perteneciente -como América Televisión- al Grupo El Comercio, uno de los diarios más antiguos de Perú y cuyas publicaciones siempre son de referencia ‘válida’ para medios internacionales como CNN, despidió a los periodistas Patricia Monterio y José Jara (ambos productores con gran prestigio y experiencia profesionales) porque no apoyaron la candidatura de Keiko Fujimori. En declaraciones a la prensa internacional, los periodistas afirmaron que en las últimas semanas fueron presionados para “llevar una línea editorial de apoyar a Keiko Fujimori”.

Como una estrategia de desinformación estas elites peruanas han esparcido por el mundo (a través de sus todopoderosas cadenas de información) la idea de que la crisis los ha sorprendido, paralizado y sobrepasado; que frente a lo que se asoma como el fin del modelo civilizatorio basado en el hiperconsumo de combustibles fósiles la oligarquía mundial se encuentra a la deriva y sin proyectos estratégicos orientados a mantener y acrecentar su poder y hegemonía en el mundo. Creo que esta visión peca de ingenua, simplista y ahistórica.

Las variedades en la agricultura actuales, en cambio, dependen del uso intensivo de productos agrotóxicos, pesticidas y fertilizantes químicos, con un fuerte impacto medioambiental y que son más vulnerables a sequías, enfermedades y plagas. La industria mejoró las semillas para adaptarlas a los intereses de un mercado globalizado, dejando en segundo lugar nuestras necesidades alimenticias y nutritivas con variedades saturadas de químicos y tóxicos, como recoge el documental ‘Notre poison quotidien’ de Marie-Monique Robin, estrenado recientemente en Francia.

El sistema capitalista ha sido controlado y dirigido en los últimos 200 años por un minúsculo y cerrado grupo oligárquico a nivel mundial: Rockefeller, Vanderbilt, Harriman, Rothschild, Carnegie, Mellon, Morgan, Warburg, Arnault, Windsor, Thyssen, Walton, Blomberg, Agnelli, Davinson, Pillsbury. Estos grupos han promovido matrimonios entre sus descendientes como forma de concentrar y mantener el poder. Los intereses de estos grupos oligárquicos no sólo han sobrevivido a guerras y crisis económicas mundiales sino que las han aprovechado (algunos dicen que las han promovido) para fortalecerse. Ello también ha sido imitado en el Perú. Esto es un resumen del miedo en el Perú.

(*)– Analista Global –
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