Revoluciones corruptas en Oriente Medio

Desde que se inició la insurrección en Tunisia en diciembre de 2010 y culminó el 14 de enero de 2011, la ola de revueltas se ha extendido en el Oriente Medio. Es una región en que no existe ninguna democracia, tal como es vista en países occidentales. Cuando decimos que en esa parte del planeta ningún país es una democracia, incluimos Israel, que tiene elecciones libres y derechos para los ciudadanos judíos israelíes, mientras que los judíos nativos1 (llamados también “palestinos”) que sufren en sus tierras la ocupación militar de los judíos israelíes dominantes son menos que ciudadanos de segunda clase.


Cómo empezó
Como es de conocimiento general, los levantamientos populares empezaron en Tunisia y poco después en Egipto, cuyos presidentes, que nunca pudieron dar bienestar a sus pueblos, fueron derrocados. En ambos países los gobiernos corruptos enfrentaban una crisis económica y social de pobreza y desempleo, agravada por una política fiscal impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los préstamos que da el FMI incluyen reducción del gasto fiscal, recortes salariales, privatizaciones y la comisión que ganan los gobernantes corruptos: no es un secreto que la riqueza personal de muchos políticos se origina en lo que ellos ganan o roban del dinero que prestan a sus países.

Se dio, pues, una combinación de descontento económico por las malas condiciones de vida y por el carácter autoritario y cleptocrático de los gobiernos. Relativamente tranquilizada la situación con la caída de los presidentes Zine al-Abidine Ben Alí (Tunisia) y Hosni Mubárak (Egipto), se han instalado en esos dos países otros jefes de gobierno tan corruptos como los anteriores que ya no podrán robar tanto por la mayor vigilancia social, pero que tienen a su favor saber qué errores evitar para que sus robos y coimas no sean descubiertos con facilidad.

Y sigue la ola: Libia

Cuando parecía que todo se iba a calmar con la caída y prisión del egipcio Hosni Mubárak, en el mes de febrero de este año surgen disturbios en Libia, donde desde el comienzo los manifestantes actuaban armados. Si bien es cierto que en Libia Muammar Qaddafi encabeza un gobierno autoritario, él se preocupó siempre de redistribuir la riqueza del país (originada en el petróleo), lo cual se facilitó por la poca población de Libia: 6,5 millones de habitantes.

Lo que empezó como incidentes callejeros se convirtió en una guerra civil, en la que el bando opositor al gobierno engrosó sus filas con soldados y oficiales de la fuerza armada que desertaban y se pasaban a la oposición. Al poco tiempo el caso llegó a las Naciones Unidas, que el 17 de marzo emitió la resolución 1973 que impone una zona de exclusión aérea y propicia la protección de civiles. Bien vista, una zona de exclusión aérea es aquella en que se impide el vuelo de aviones militares; en este caso, la zona de exclusión aérea debió servir para evitar que la aviación de Muammar Qaddafi atacase las zonas rebeldes.

En realidad, los países occidentales (EE. UU. y la OTAN) distorsionaron groseramente el sentido de la resolución, se excedieron en lo permitido por el texto del mencionado documento y, en vez de simplemente impedir el vuelo ofensivo de los aviones libios, se embarcaron en una campaña de ataques contra toda la zona no ocupada por los rebeldes. Abiertamente los occidentales han tomado partido por el bando rebelde y han declarado que para derrocar a Muammar Qaddafi seguirán atacando por tiempo indefinido.

¿Por qué?
Es bueno preguntarse por qué tanto interés en derrocar a Muammar Qaddafi. No es por su falta de estilo democrático, porque si ese fuese el caso tendrían que arremeter contra Arabia Saudita, país gobernado por autócratas corruptos y oscurantistas. ¿Es por el petróleo? En parte.

El petróleo en sí parece no ser muy importante, porque hay amplia oferta internacional, y además en casi todos los países petroleros  están presentes grandes compañías occidentales (de Francia, Inglaterra, Holanda, los EE. UU., Italia), de manera que no hay dudas de que el petróleo llega a esos países del “Primer Mundo”.

La verdad es que a los políticos occidentales les resultaba absolutamente intolerable y peligroso —un mal ejemplo— que un gobernante tercermundista como Muammar Qaddafi gobierne haciendo redistribución de la riqueza petrolera, dando servicios gratuitos de salud, educación, vivienda y dinero en efectivo a la gente, que prácticamente no conocía el desempleo (tan cierto es esto, que en Libia había cientos de miles de trabajadores extranjeros, los libios no podían cubrir todos los puestos de trabajo).

Más afectados
Otro objetivo que persiguen los occidentales en su agresión a Libia es debilitar la presencia china en África. En ese continente los chinos están en competencia directa con los occidentales y normalmente tendrían las de ganar porque por su metodología de trabajo las inversiones chinas dejan más ganancias al país que las empresas europeas. Otro punto a favor de China es que no expresa opiniones políticas, cualquiera que sea la orientación política del país que recibe empresas chinas; sigue rigurosamente su conducta de no interferencia en los asuntos internos de otros países. Como indicador del revés sufrido por China debe señalarse que 35 mil obreros, técnicos e ingenieros chinos han salido de Libia por esta crisis.

Los chinos no son los únicos afectados. Rusia estaba invirtiendo en desarrollar la industria libia del gas y había ganado un contrato para modernizar y ampliar los ferrocarriles de Libia. Esto sin contar que se suspenden los contratos de venta de armamento ruso que para renovar el arsenal libio, de más de 30 años de antigüedad. Frente a Rusia los EE. UU. y la OTAN siguen un plan de cercamiento del territorio ruso con bases militares y bloqueo para limitar los movimientos de los rusos en caso de guerra, porque, aunque parezca mentira en esta época de armas nucleares, los occidentales tienen planes de atacar Rusia con armas convencionales: aviones, tanques, barcos, etc.

El fomento de la subversión en Siria cumple también la finalidad de golpear al país más caracterizado en su resistencia a Israel y Occidente, aliado de Irán y de Hezboláh —la única fuerza militar islámica que ha derrotado a Israel—, y de paso impedir la intención rusa de establecer una base naval en el puerto sirio de Tartus.

La inversión

El objetivo de la insurrección pública y abiertamente dirigida desde Washington y las capitales europeas tiene un componente ideológico, que es fortalecer la idea de que los países del Tercer Mundo no pueden ni deben tener el control de sus riquezas naturales; por tanto, el control y disfrute de las riquezas naturales de los países subdesarrollados o impedidos de desarrollo “corresponde” por una especie de derecho divino a las naciones occidentales2. Con eso en mente los occidentales procedieron a subvertir el orden en Libia, con un elemento más: para sostener económicamente  la rebelión, reparten enormes cantidades de dinero en Libia y Siria para motivar y estimular a los traidores.

Y esa extensa paga la ven los occidentales al mismo tiempo como inversión y también como forma de deshacerse de dinero —dólares o euros— cuyo valor está en suspenso por la crisis financiera internacional; desde su punto de vista, es mejor que esa plata llegue a los agitadores que la harán circular y, además, adquieren bienes y productos que les venden sus patrones europeos azuzadores. Esto explica que en Libia y Siria desde hace meses decenas de miles de personas se manifiestan diariamente en las calles dejando de trabajar largo tiempo sin que les falte el sustento (¡para eso está el dinero que los occidentales reparten por camionadas!).

Si esas decenas de miles de personas que hace meses salen a las calles ya no trabajan ni reciben su salario, ¿de dónde obtienen dinero para vivir?
________________

1 Al ocurrir invasiones como la de los romanos y los musulmanes, la mayoría de judíos que habitaban Israel optaron por cambiar de religión (pasaron a ser cristianos o musulmanes) para poder permanecer en su tierra. Exámenes genéticos de la población palestina han demostrado sus raíces judías; se ha descubierto que algunos tienen el marcador genético de la casta sacerdotal judía, los kohanim. Cuando tras la Segunda Guerra Mundial empiezan a llegar a Palestina judíos europeos y de otros lugares, encuentran la resistencia de los mencionados judíos residentes, y así continúa el enfrentamiento hasta el día de hoy.

2 En el caso del Perú, los países extranjeros se escandalizaron de ver que acá el gas podía estar bajo control peruano, motivo por el cual repartieron las coimas correspondientes a políticos vendepatria que con mucho gusto y con los bolsillos bien llenos modificaron el contrato para poder exportar el gas. Aunque esta traición contra el Perú y contra los hogares peruanos debe terminar pronto, los consorcios y los corruptos locales se han dado el gusto de hacer lo que quieren con nuestro gas “siquiera un tiempo”.