De Yungay sólo quedaron visibles el cementerio y las copas de las palmeras de la Plaza de Armas
Mucho se habla de los tres días de oscuridad que caerán sobre el mundo, según diversas profecías, lo cual, a 55 años del terremoto de 1970 en el Perú, hace recordar que dicha catástrofe fue acompañada de tres días de oscuridad.
El terremoto tuvo epicentro ubicado en el mar de Áncash, con hipocentro a sólo 24 km de profundidad, por lo cual la magnitud 7.9 golpeó terriblemente dicha región y causó un tsunami. El sismo se sintió en todo el Perú y países vecinos. Era un domingo 31 de mayo a las 15:23:29 h. La cantidad de fallecidos se calcula en 70 a 80 mil y en 25,600 los desaparecidos.
Un testigo presencial fue el ingeniero Mateo Casaverde, director técnico del IGP, fallecido hace años, quien en viaje de trabajo del Instituto Geofísico del Perú, se encontraba en Yungay, Áncash, con colegas franceses y narró lo sucedido.
Óscar Veliz, quien trabajó años al lado del ingeniero Casaverde, recuerda el relato: Se encontraban en trabajo de campo desplazándose en una camioneta, habían almorzado en Yungay y cuando salían de regreso, poco después de las 3 de la tarde, al pasar frente a la colina del cementerio observó que el vehículo alteró su marcha normal y comenzó a moverse verticalmente como un caballo encabritado, dificultando su control. Entonces se detuvieron y se apearon al comprender que se trataba de un terremoto fuerte.
Instantes después se escuchó un gran estruendo parecido al de truenos. Entonces Mateo Casaverde comprendió de inmediato que era un aluvión en curso por lo que sin perder tiempo sólo alcanzo a tomar su cámara que se encontraba en la camioneta e instó a sus colegas a ascender a la colina del cementerio. Éstos no consideraron necesario subir muy arriba, por lo cual debió insistir con vehemencia para que suban corriendo lo más alto posible, a la zona donde se encontraba el cementerio, y así lo hicieron, llegando a la cima vieron aterrorizados como la masa de lodo sepultaba el pueblo de Yungay y se llevó la camioneta.
Después del sonido lo que siguió fue una macabra masa de lodo que arrastraba de todo: árboles, restos de viviendas, animales y algunas personas agonizando. El sonido como trueno era la rotura de un bloque de hielo de un kilómetro de lado por 800 metros de largo, del nevado Huascarán, el más alto del Perú.
El desprendimiento del hielo con la sacudida del sismo hizo que el bloque helado descienda a gran velocidad, unos 280 km por hora, e impacte además en la laguna de Parón. La velocidad derritió el hielo y formó lodo a su paso (unos 40 millones de metros cúbicos) y una ola de unos 60 metros de alto, precipitándose por la quebrada aledaña de Ranrahirca, pero, debido a la gran masa y velocidad, la inmensa avalancha sobrepasó una colina que protegía el pueblo y sepultó a la ciudad de Yungay y muchos poblados.
El haber alcanzado la cima de la colina del cementerio, que antes fue una fortaleza preinca, fue para Casaverde y sus colegas la salvación de una muerte segura. En la cima plana había también otras personas en medio de tumbas y nichos destruidos.
Pasada la conmoción del terremoto y el alud, el cielo se oscureció debido a la gran cantidad de polvo que el terremoto había levantado hasta parecer de noche. Pensaron que la oscuridad cedería pronto, pero no fue así. Fue tal la abundancia de partículas que la oscuridad duró tres días y ellos no sabían entonces en qué momento era de día o de noche.
Por tal catástrofe incluso unos del grupo pensaron que era el fin del mundo. Debido a esta oscuridad por la nube de polvo, los helicópteros militares que sobrevolaron la zona del cataclismo no podían detectar sobrevivientes por la falta de visibilidad.
Al fin tras el tercer día, cuando el cielo estaba comenzando a despejarse, uno de los helicópteros los localizó y rescató para llevarlos a Lima, finaliza el relato de Véliz.
Tras el sismo, Lima estaba completamente movilizada para distribuir la ayuda nacional y del exterior a las muchísimas zonas afectadas por la tragedia, con la participación de las Fuerzas Armadas y otras instituciones estatales, junto con algunas organizaciones, que también atendían a damnificados que llegaban a Lima de las zonas destruidas.

NOAA/NGDC, G. Pflafker, U.S. Geological Survey

2 comentarios
Q miedo fue d terror
Alguien supervisa a las empresas constructoras si respetan normas antisistimcas y si utilizan buenos materiales?
Acuérdense de graña y Montero y su alianza con constructoras chilenas, empresas españolas etc que construyen edificios altísimos y nadie califica si resistirn un sismo potente como el anunciado
La historia narrada en este texto tan dramática y la mortandad que hubo en Yungay nos obliga a reflexionar al respecto