Sin duda tenemos un deplorable canciller, Hugo de Zela, quien se muestra en total inacción ante los ataques del presidente estadounidense Donald Trump a León XIV, pese a que es no solamente un Papa peruano, sino uno de un país profundamente católico.
Diversos mandatarios se han pronunciado defendiendo a León XIV, como Georgia Meloni, de Italia; Pedro Sánchez, de España; Luis Inacio Lula da Silva, de Brasil; Claudia Sheinbaum, de México; Masoud Pezeshkian de Irán, a pesar de ser de jefe de estado de un país islámico.
De igual manera, otras personalidades han hecho lo mismo, como Antonio Guterres, secretario general de la ONU; José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, entre otros, además de figuras del mundo artístico.
¿Para qué mantenemos a un canciller que no cumple con las expectativas elementales de la mayoría de los peruanos? Esto, más aun cuando los ataques de Trump no solo son injustificados y ofensivos para el Romano Pontífice y los católicos en general en momentos en que León XIV cumple con su deber de predicar contra la guerra de agresión contra Irán emprendida por los Estados Unidos e Israel, guerra violatoria del derecho internacional, que puede llevarnos a la III Guerra Mundial. Ante ello, el Papa encuentra los ataques de un violador del derecho internacional que con prepotencia, vulgaridad e insolencia pretende silenciarlo.
De Zela también calló ante la arbitraria y prepotente actitud del régimen genocida de Israel, que impidió por primera vez en siglos las ceremonias religiosas católicas propias de la Semana Santa en el Santo Sepulcro.
Ante esta actitud de Israel, varios mandatarios europeos protestaron, mientras Hugo de Zela permaenció guardando silencio cómplice, sin considerar que el Perú tiene una amplia mayoría católica y es patria de León XIV.
Urgente, cambio de canciller.
