Jhon Valdiglesias Oviedo*
La Inversión Extranjera Directa (IED) puede ser un motor fundamental para el desarrollo económico de Perú, pero para que realmente genere un impacto positivo y sostenible es necesario que vaya más allá del simple ingreso de capital. La experiencia de China en las últimas décadas muestra que el éxito no solo depende de atraer inversiones, sino de cómo se gestionan estas para promover la transferencia tecnológica, garantizar estabilidad política, formar capital humano capacitado e integrar a las empresas extranjeras con la economía local.
Uno de los aspectos más importantes en China fue la transferencia tecnológica. No bastaba con que las multinacionales invirtieran, sino que el gobierno estableció políticas que incentivaban y, en muchos casos, exigían que las empresas compartieran su tecnología y conocimientos con las empresas y trabajadores chinos. Esto permitió que la inversión extranjera fuera un canal para la modernización industrial y el aumento de la productividad, generando un efecto multiplicador en la economía. Para Perú, esto significa la necesidad de crear marcos normativos y acuerdos que faciliten que las empresas extranjeras colaboren con socios locales, formen a los trabajadores peruanos y contribuyan al desarrollo tecnológico nacional.
El desarrollo del capital humano fue también clave en la estrategia china. Invertir en educación técnica y capacitación profesional permitió que la fuerza laboral estuviera preparada para asumir empleos calificados y manejar tecnologías avanzadas. Esto no solo aumentó la productividad, sino que mejoró las condiciones laborales y generó oportunidades de crecimiento para miles de personas. Perú, con su vasta población joven, tiene una gran oportunidad si logra potenciar sus sistemas educativos, alinearlos con las demandas de la industria y promover la formación continua vinculada a las inversiones extranjeras.
Asimismo, China supo integrar la inversión extranjera dentro de sus cadenas productivas locales, evitando que las empresas extranjeras funcionaran como enclaves aislados. Promovieron la creación y fortalecimiento de proveedores nacionales, fomentaron la cooperación entre empresas y facilitaron la creación de clusters industriales. Esto multiplicó el impacto económico y generó un desarrollo más equilibrado en todo el país. Perú puede aprender de este enfoque para impulsar políticas que integren a las pequeñas y medianas empresas peruanas en las cadenas de valor de los inversionistas extranjeros, fomentando la formalización, la capacitación y la colaboración empresarial.
Como pilar fundamental fue la estabilidad política y regulatoria. China logró atraer grandes inversiones porque ofrecía un entorno predecible, con reglas claras y estabilidad institucional. Esta seguridad permite a los inversionistas planificar a largo plazo y comprometer recursos con confianza, lo que no siempre sucede en países con alta volatilidad política o regulatoria. En este sentido, Perú debe trabajar para fortalecer sus instituciones, asegurar transparencia y generar un clima de confianza que favorezca la inversión estable y de calidad.
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
