Folios de la utopía
Legado de la resistencia andina
Por Danilo Sánchez Lihón
1. El trabajo de la mita
Una mina famosa por devoradora de hombres y mujeres de raza indígena, y hasta de pueblos enteros, fue la mina de mercurio de Santa Bárbara en Huancavelica, que curiosamente primero se llamó De los Santos.
El sistema para enrolar para el trabajo en esta mina, como para todas las demás otras existentes en la colonia, era la mita, trabajo obligado de los indios en los socavones bajo tierra.
La mita era un tributo en trabajo ineludible y de segura muerte, siendo lo que diezmó totalmente a la población aborigen del Perú.
Esta obligatoriedad se iba ampliando poco a poco en su radio de acción: de 50 a 100 kilómetros. Después fue el trabajo obligatorio de gente que vivía en el radio de 200 kilómetros a la redonda.
2. No se han dejado vencer
Más tarde fue de 300. Y después de 500; porque en la mina no duraban más allá de 5 meses desde que los enganchaban ya que morían intoxicados por los gases venenosos que la mina emitía.
A finales del siglo XVIII se censa que los pobladores de raza indígena en la mina eran más de Ayacucho y de Puno.
Y era porque ya habían muerto en sus socavones todos los indios del lugar y de los contornos.
Se impuso allí un genocidio rapaz, silencioso y corrupto, como producto de un sistema de usura y asco que imperó en toda la colonia en contra del indígena peruano.
Sin embargo, esos mismos hombres, –los quechuas, los nativos peruanos, los llamados «indios», pongos, yanaconas, runas, no se han dejado vencer.
3. Nos donan la respuesta
Al contrario, nos donan ahora, nos regalan a los peruanos un acto de coraje increíble y de valor inmenso. ¿Cuál es?
Que no se dejaron atraer por los hechizos fáciles de una sociedad opulenta como fue la sociedad colonial, que los sedujo de múltiples maneras una de ellas la droga y el alcohol, para hacerlos siervos en el peor sentido.
Porque no pudieron hacerle renegar de su identidad, tendiéndoles los puentes de plata de la vida sin contratiempos, dándoles siempre las sobras de sus privilegios, queriéndolos sumarlos como sociedad de segunda clase a sus residencias palaciegas de Lima, Cuzco, Arequipa o Trujillo.
Y son ellos los que ahora nos donan la respuesta de no haber transigido, de haber conservado su lengua, sus costumbres, su espíritu.
4. Una cultura invencible
También nos donan su dolor de siglos, su tragedia, pero a la vez sus cantos, su alegría y su esperanza, que nos toca a nosotros recoger y proyectar al futuro y al mundo.
Aparentemente lo lograron. El Perú republicano alentó que para lograr el progreso y ser una sociedad moderna había que desaparecer los últimos rezagos de la comunidad indígena embrutecida.
Parecía que habían sucumbido, pero en el fondo y en esencia fue imposible exterminarlos.
Sino que al contrario siguió siendo un grupo humano amoroso, límpido y prístino con sus cantos y bailes de júbilo y de homenaje a la vida.
Fueron anexados, pero ellos sin deponer su actitud soberana, a pesar de todos los ostracismos. Y es que era una cultura invencible en quien era inimaginable que fueran remedos de sus amos.
5. Ejemplo al mundo entero
Ahora hemos bajado a las ciudades, hemos descendido a los llanos. Hemos llegado, pero manteniendo siempre nuestra identidad.
Hemos salido de los cerros y quebradas después de haber sido fieles con nosotros mismos, con nuestra historia y nuestros ancestros. No nos hemos dejado ganar por lo fácil, por lo inmediato ni rentable, como es el uso y dominio pleno del idioma castellano.
Que nos hubiera dado más tener, pero que nos hubiera restado, disminuido y quizá anulado nuestro ser. Ese espíritu está incólume, ese grito está vivo, ese clarín del alba está vigilante y alerta en lo alto de las montañas.
Con ello los indígenas peruanos hemos dado un ejemplo al mundo entero, el de haber decidido por el espíritu en vez de fascinarnos y dejarnos hechizar por el oro, las cosas o los bienes materiales.
O de dejarnos arrastrar por los entretenimientos, las diversiones y panaceas.
6. Entusiasmo supremo
Con lo cual, a partir de este momento, garantizamos nuestro verdadero progreso y evolución.
Y, en segundo lugar, hemos dado un grito de independencia porque todo aquel que afirma su lengua, su habla y su voz es soberano y es digno.
Así la resistencia andina es hacia nosotros un legado y una herencia invalorable.
Es una llama viva para que nosotros nos acerquemos y extraigamos de allí coraje y fervor. ¡Y entusiasmo supremo por la vida! Y de este modo se está desenredando el ovillo.
De este modo se está extendiendo la hebra y el tejido de nuestra identidad que estaba tan anudado, tan hecho un amasijo, tanto que dolía, que sangraba cabeza abajo.
7. Ya están despertando
De este modo el ovillo de lo que somos, de aquello que corresponde que seamos, que volvamos a ser, se está desenvolviendo y haciendo elipsis, pirámide y arco iris.
De este modo se está configurando la utopía, de aquello que imaginemos incluso cómo ser.
El ovillo de nuestra sangre, del corazón que nos alienta y hace sufrir está agitado y baila.
Por eso, éste es el tiempo del resurgimiento y del despertar.
De desenterrar los dioses dormidos. Es el tiempo del regocijo, de despertar las huacas.
Porque las huacas no están muertas sino latentes.
¡Y ya están despertando, Inkari! ¡Kausachum hermanos!
¡Jallalla!

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Interesante punto