Mali, Niger y Burkina Faso son países de la zona norcentral de África, excolonias de Francia, que tras una serie de golpes de estado y conmociones internas decidieron formar una unión que les permita funcionar como un solo país, para lo cual han formado en mayo de 2024 la Confederación de Estados del Sahel (llamada también Alianza de Estados del Sahel).
Esta nueva situación facilita el intercambio comercial y humano entre los tres países que, además, en asuntos de defensa tienen el compromiso de intervenir militarmente en defensa de cualquiera de los tres que sea atacado.
Una de las medidas de esta unión de países ha sido retirarse de ECOWAS (Economic Community of West African States ‘Comunidad Económica de Países de África Occidental’), cercana a Francia. Para 2023, habían cortado vínculos de defensa con Francia y pedido la retirada de sus asesores militares, principalmente porque no lograban resultados tangibles en la lucha contra el terrorismo yihadista y grupos separatistas.
En Niger, miembro de la confederación (Alianza de Estados del Sahel), en 2023 cerraron una base militar de drones de EE.UU. Paralelamente al paulatino corte de relaciones con países de Occidente, pidieron y obtuvieron la cooperación militar de la Federación Rusa, que está ayudando a combatir a las fuerzas yihadistas y separatistas, que crean inestabilidad favorable a los objetivos estratégicos de Occidente. China también está proporcionando apoyo político y material a la Alianza.
Por su riqueza en oro y uranio, estos países siempre han estado bajo la mirada de países occidentales, por lo que no les han caído bien las reformas, que incluyen la nacionalización de minas y yacimientos de hidrocarburos, cuyos ingresos ahora están beneficiando al pueblo.
También es significativo que ante las restricciones migratorias de EE.UU. que afectan a ciudadanos de la confederación, esta ha respondido imponiendo en su territorio las mismas medidas a los ciudadanos de EE.UU.
Antecedentes
Ya en el proceso de descolonización, en el siglo XX, las potencias coloniales como Francia, Inglaterra y Bélgica se aseguraron, en África, anticipándose a posibles intentos de unión, de crear o promover el máximo número de países y de trazar las fronteras de manera caprichosa, sin tomar en cuenta quiénes o qué tribus eran mayoría o no, ni accidentes geográficos como ríos o desiertos. De esta manera, estados fragmentados —o empequeñecidos o agrandados según la conveniencia de los colonialistas— no podrían ofrecer resistencia en caso de presión o amenaza de dichas potencias coloniales. En estas circunstancias, llama la atención que se haya podido formar un nuevo país no dividiendo otro, como se estila, sino sumando, uniendo.
La maligna influencia de Occidente (Europa y EE.UU.) desaprueba confederaciones o uniones de estados y más bien disuelve todo lo que parece o es unión, como hicieron con la disuelta Yugoslavia, con Serbia-Montenegro y con Checoslovaquia, hoy convertidos en países diferentes.
Eso sí, para Occidente la unión es buena si es para ellos mismos; tenemos la Unión Europea y la OTAN.
En América central hubo un tiempo, de 1842 a 1845, en que Guatemala, El Salvador y Honduras formaron un solo país. Y Perú y Bolivia, de 1836 a 1839 formaron la confederación Perú-boliviana de 1836 a 1839.
Los factores que ponen en riesgo cualquier unión de estados son la insuficiente organización (institucional y política) y la corrupción. Esto es palpable en los gobiernos regionales del Perú, donde a estas alturas ya deberían haberse fusionado las regiones para formar macrorregiones, pero como los dirigentes son rateros, no quieren perder el poder de dar puestos de trabajo a sus parientes y partidarios; además, saben que sus robos y los sobornos que reciben se dificultarían si hay más testigos y participantes de las otras regiones que se unan. Por tal razón, recurren a cualquier dato o argumento que abone en favor de la imposibilidad de unión de regiones que —según estos delincuentes— tienen elementos históricos o factores demasiado particulares que las hacen únicas e incompatibles en cualquier unión (lo dicen pese a que hay complementación económica y geográfica).
A esto se suma el deseo de algunos mequetrefes y corruptos de subordinar el Perú al dominio neocolonial de EE.UU., como se demostró cuando, cediendo a las presiones y a las posibles coimas y otros beneficios, un grupo de ladrones y coimeros forzó las cosas —pasando por sobre la autoridad del presidente Balcázar— para comprometer al Perú en la compra de aviones que vienen con cortapisas de tal naturaleza, que anulan nuestra soberanía e independencia en caso de guerra, situación que —por obra y gracia de venales vendepatrias— nos obligaría a pedir permiso humildemente al hegemón neocolonial EE.UU. (con el cual los rateros en el poder se sienten muy cómodos).
En América del Sur
Pese a todo, hay voces que plantean que el Perú podría formar estado con Ecuador (que hasta hoy, por ejemplo, usa el dólar como moneda oficial, al haberse disuelto su moneda propia). Algo similar podría ocurrir con Bolivia, cuyos intentos de mejorar no le dan resultado y cae en el aislamiento. Por ejemplo, de tanto bloqueo de las carreteras bolivianas, Brasil y Perú han trazado una ruta del ferrocarril bioceánico que no pasará por Bolivia, donde la mayor parte de la población se opone a los violentistas que impiden el tránsito.
Así como en Bolivia debe corregirse lo de los bloqueos y el desorden, acá debe combatirse la ratería generalizada de nuestros políticos, lo mismo que su comprado sometimiento a EE.UU.
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