| La reforma del Estado garantizará un mejor servicio a la población |
Por Alfredo Palacios Dongo
Hoy, 1.° de enero iniciamos un nuevo año cargados de esperanzas pero también de incertidumbres. A pesar del crecimiento económico y de positivos indicadores macroeconómicos —que son impulsados en gran porcentaje por una coyuntura de altos precios de los minerales como el cobre, oro y plata, entre otros—, éstos no se condicen con los enormes índices de desigualdad e inequidad en la distribución de la riqueza, y en la exclusión social, lo cual afecta el bienestar de gran parte de la sociedad de nuestro país.
Desde hace décadas, y especialmente durante las campañas electorales, los candidatos ofrecen políticas, medidas y reformas estructurales en beneficio de la sociedad. Asimismo, los gobiernos coinciden en la urgente necesidad de reformar el Estado para lograr eficiencia y previsión, sin embargo muy poco se ha avanzado para concretarla. Dicha reforma debería considerar, entre otros, en el Ejecutivo: modernización de la gestión y gerencia estatal, estructura de los ministerios, mecanismos de vigilancia y control ciudadanos, reforzamiento de la institucionalidad y la sociedad en la lucha contra la corrupción, creación de una carrera pública profesional, homologación de remuneraciones del sector público, así como la eliminación de la evasión tributaria, la informalidad y el narcoterrorismo. En el Legislativo: sistema bicameral, voto voluntario, renovación por tercios. Y en la administración de Justicia: reformar el injusto y lento sistema que actualmente tiene 2’500,000 expedientes sin sentencia.
Bajo este panorama, una profunda reforma integral del Estado es un asunto de consenso general en la sociedad peruana, y debería ser un objetivo impostergable del próximo gobierno si tuviera la verdadera convicción de promover la justicia social, garantizar un mejor servicio a la población, mejorar el bienestar del país y brindar una mayor esperanza hacia el futuro. Expreso, 01.01.2011
