Tras la extinción del proyecto Legado muchos se rasgan las vestiduras por tal decisión del Ejecutivo alegando que las instalaciones administradas por dicho proyecto estaban bien gestionadas y que pasarlas a la jurisdicción del Instituto Peruano del Deporte (IPD) significa riesgo de descuido.
En realidad la decisión del Ejecutivo es correcta desde el punto de vista legal, los proyectos especiales tienen carácter temporal, no pueden extenderse de forma perpetua y Legado es un proyecto especial creado en 2015, el cual ya cumplió las funciones temporales que dieron razón a su creación y ahora su existencia implica duplicidad de funciones.
De otro lado, Legado manejó un presupuesto privilegiado que permitió una buena gestión. En cambio, el presupuesto del IPD para el deporte en todo el país es insuficiente. No es equitativo que el deporte mantenga islas de bienestar mientras de otro lado la falta de recursos deje evidenciar deficiencias.
El problema no radica en la eliminación de Legado y que sea incorporado al IPD. El problema es que la gestión del IPD actual es cuestionada por una serie de descuidos en el mantenimiento y gestión de las instalaciones deportivas en el ámbito nacional, que no sólo obedecen a la limitación de recursos sino a una administración inadecuada.
Waikimanía
Sin embargo, la actual gestión del IPD, con sus cuestionamientos, sobre todo levanta las sospechas y el rechazo de la ciudadanía debido a la presunta injerencia de Nicanor Boluarte, hermano de la mandataria, en el nombramiento de funcionarios de esta institución, designados no por sus méritos sino por clientelismo y quizás con fines de corrupción.
Ya los waikis de Dina Boluarte, en la sombra o a la luz, han protagonizado suficientes escándalos, por lo cual la única salida debería ser una reevaluación de todos los funcionarios del IPD y la revisión de los requisitos mínimos para nombrarlos, que pongan por delante el mérito. El deporte necesita de los mejores cuadros de gestión, no de recomendados ni argollas, lo cual parece que la presidente de la República se niega a ver.
