Alan Fairlie Reinoso
10 de Agosto de 2006
El retorno de Chile a la CAN
Se afirma que servirá para fortalecer el bloque regional, la capacidad negociadora con la Unión Europea, y la proyección al Asia Pacífico. Lo que en realidad ocurrirá es una consolidación de un eje libremercadista, pro TLC con EEUU, que más temprano que tarde generará una colisión con el actual gobierno de Bolivia. También, -sin querer o queriendo- se aísla a Venezuela y se le cierra el paso para volver como país asociado (por lo menos en el corto plazo). Esto, contará con el aplauso de los EEUU. Parecía razonable primero superar la crisis andina para luego pensar en la incorporación de cualquier otro miembro.
El TLC con Chile
Aquí los únicos que han argumentado su conveniencia son las autoridades chilenas. Ni el gobierno anterior ni el actual le han presentado al país cuales serían las ventajas de un TLC. Ya tenemos casi el 90% del comercio liberalizado con el ACE 38, superávit en los últimos 3 años gracias al molibdeno que por sí sólo explica alrededor del 60% de nuestras exportaciones, que luego Chile re-exporta a China con mayor valor agregado. En ese sentido, se corre el riesgo que la supuesta complementariedad entre nuestras dos economías se base en la consolidación de un patrón norte-sur de comercio (Perú exportando productos primarios, Chile manufacturados).
La asimetría acumulada del comercio, es mucho mayor en las inversiones y en el comercio de servicios. Estos dos capítulos son justamente los que le interesa a Chile, junto con un mecanismo de solución de diferencias que como señaló el Canciller Foxley “evite nuevos casos Luchetti”. Se busca consolidar esa asimetría, reducir el margen de maniobra del Estado para las políticas de apoyo a la industria nacional o de reserva a la presencia del capital chileno, con el mecanismo de solución de diferencias del nuevo acuerdo. Ya tenemos mecanismos de protección de inversiones internacionales (como el CIADI), y bilaterales, por lo que no sería necesario uno nuevo. Mientras Chile tiene inversiones del orden de los US$ 4,000 millones, las nuestras son ínfimas, y se mantienen restricciones a la inversión peruana, como han señalado los presidente de la Cámara de Comercio y de la S.N.I.
También es sensible el tema de facilitación aduanera (considerando lo pactado en los tratados internacionales vigentes), otros temas de acceso a mercados, y el capítulo de compras del Estado que se anuncia. Ya le hemos concedido a EEUU los incentivos que se daban a la Pymes y a la industria nacional (con lo cual se pierden en la práctica), y ahora pasaría algo similar con Chile.
Los otros componentes
