Hay que sospechar que a algunos ciudadanos también pica la curiosidad de enterarse cómo una empresita de undécima categoría como Lima Airport Partners que ni siquiera existía al momento de “ganar” en carrera de un solo caballo, la concesión del Jorge Chávez, ha producido cuatro enmiendas enormes al contrato en menos de cinco años y ahora quiere saltarse a la garrocha la construcción de la segunda pista y los bobos de Ositran se hacen de la vista gorda.
De repente hay curiosidad proba de constatar cómo la ministra con rabo de dinosaurio, aquella a la que la Contraloría General de la República, ha encontrado pasible de acusación penal por haber depositado cinco millones de dólares en un banco que después quebró, la señorita Verónica Zavala, ha encubierto con su lenguaje claroscuro, lleno de palurdas generalidades, las intenciones manifiestas de Lima Airport Partners de conseguir más ventajas y elusiones al cumplimiento del contrato. Dígase de paso que la cacareada inversión externa no existe. LAP no ha invertido nada, más bien ha endeudado al Perú, por el orden de US$ 125 millones, con bancos norteamericanos y alemanes. Los caraduras de esta firmita trabajan con el dinero que produce el primer terminal aéreo y encima, en alguna época, pretendieron cobrar un impuesto de uso de aeropuertos a los pasajeros en tránsito. ¡Qué tal cuajo! ¿No habrán comprado los de LAP, Ositran, Proinversión, MTC y otros aludidos, toda la edición? De repente, de repente.
No obstante que, sin merecerlo ni haber hecho nada por conseguirlo, acabo de convertirme en compilador “pirateado” y que mis derechos de autor de una edición casi de juguete y nada publicitada, parece agotada, tengo que volver a preguntar, por analogía, ¿quién dice que no se lee aquí? Si un asunto como la hechiza y tramposa concesión del Jorge Chávez, agravada por el masivo regalo que este gobierno ha perpetrado con otros doce aeropuertos de provincias a una empresa recientemente expulsada de Bolivia por incumplida, Swissport, concita ediciones clandestinas, entonces, al margen del robo explícito e implícito que existe, hay que entender que un Perú desconocido, marginal, informal, empieza a dar muestras de su existencia por calles y plazas.
