Debía, con modestia insalvable, hacer un informe en la Sala Raúl Porras Barrenechea (el ex Senado), sobre la concesión del Aeropuerto Jorge Chávez a la empresita Lima Airport Partners ―LAP― y algunas consideraciones geopolíticas, morales, financieras y, en general, responder al inmenso rosario de mentiras que la ministra de Transportes, Verónica Zavala se dio el lujo, sin mayor respuesta, de emitir el martes pasado ante la Comisión de Fiscalización. Pero, la miopía política, causa suicida que envilece a grupos sectarios e intolerantes, generó que fuera obliterado, a la mala, del programa de actividades. ¡Cómo si la virtual enajenación de que es objeto el pueblo peruano en forma de terminal aéreo, el principal, fuera un asunto de coto privado o nadería de esas de poca importancia!
La ministra de Transportes justificó que las empresas que “ganan” concesiones en carreras de un solo caballo, como Lima Airport Partners y Swissport, el Jorge Chávez en el primer caso y doce ―los de provincias― en el segundo, no ¡pongan un sólo dólar y en cambio sí vivan de lo que produce el negocio! Así, LAP ha embudinado al Estado peruano en dos préstamos con bancos norteamericanos y alemanes y sobre los cuales nadie conoce gran cosa. Inclusive, he recordado varias veces, que pregunté a un alto funcionario de Ositran sobre el particular y no supo darme una respuesta categórica porque era un “asunto privado”. Nuevamente, la desidia con el patrimonio del Estado da demostración de “cómo protegen” los funcionarios los bienes nacionales.
