Jhon Valdiglesias Oviedo*
En el primer semestre de 2025, China ha demostrado una notable capacidad de resiliencia económica al registrar un crecimiento del 5,2 %, superando expectativas en medio de una intensa guerra comercial con Estados Unidos. Este desempeño se ha sustentado en el fortalecimiento de su sector manufacturero, el aumento sostenido de sus exportaciones, inversiones estratégicas en infraestructura —como el tren bala— y un consumo interno que aportó más del 50 % al crecimiento del PIB. A pesar de los aranceles impuestos por la administración Trump y un entorno internacional adverso, la economía china no solo resistió la presión externa, sino que logró consolidar su crecimiento gracias a políticas de estímulo bien dirigidas, una diversificación industrial sólida y una capacidad estatal efectiva para responder a los desafíos globales.
En contraste, el Perú proyecta un crecimiento de 3,1 % para 2025, según el Banco Central de Reserva, un avance más modesto que, si bien se mantiene estable, ha estado condicionado por factores internos como la paralización de minas clave debido a conflictos sociales y actividades ilegales, así como por su elevada dependencia de la demanda externa. La recuperación de la producción minera, una mayor inversión pública y un entorno internacional más favorable podrían impulsar la economía peruana en el segundo semestre; sin embargo, los riesgos persistentes —como la volatilidad global y los conflictos locales— siguen condicionando nuestro desempeño.
La experiencia de China ofrece enseñanzas claves para el Perú. Ante un entorno internacional incierto, resulta esencial fortalecer la capacidad de respuesta del Estado, promover una base productiva más diversificada y reducir la dependencia de un solo sector o socio comercial. China ha sabido combinar una política industrial activa, planificación estratégica y cohesión institucional para enfrentar adversidades. El Perú, por su parte, debe avanzar hacia un modelo de crecimiento más inclusivo y sostenible, invirtiendo en innovación, infraestructura y formalización productiva, al tiempo que mejora la gobernabilidad y la confianza institucional. La resiliencia no es fruto del azar, sino de decisiones firmes y visión de largo plazo.
* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
