Jhon Valdiglesias Oviedo*
Mientras países del Este Asiático han logrado crecer a tasas del 6, 7 e incluso 10 % durante décadas, en el Perú seguimos estancados en apenas superando el 3 %. Lo preocupante no es solo la cifra, sino el conformismo que se ha instalado en nuestra clase política, en parte del empresariado y en la propia ciudadanía. El milagro económico asiático no fue producto de suerte ni recursos naturales abundantes. Fue el resultado de decisiones firmes, políticas de Estado y visión de futuro. Y eso es precisamente lo que al Perú aún le falta.
Corea del Sur, por ejemplo, en los años 60 era un país más pobre que el Perú. Hoy lidera en tecnología, educación y calidad de vida. ¿Qué hizo diferente? Lo primero: invirtió agresivamente en infraestructura. Construyó autopistas, trenes, puertos y aeropuertos con velocidad, eficiencia y transparencia. En Perú, mientras tanto, megaproyectos clave, como el tren bioceánico, siguen paralizados por burocracia, corrupción o conflictos sociales sin solución clara.
Lo segundo fue la educación. Corea, Taiwán y Singapur entendieron que sin capital humano no hay desarrollo. Reformaron sus sistemas educativos, elevaron los salarios docentes, incorporaron tecnología en las aulas y conectaron la educación con las necesidades del mercado. Por el contrario, seguimos arrastrando brechas básicas: escuelas sin agua, universidades sin innovación, y miles de jóvenes sin acceso a formación técnica de calidad.
Pero tal vez el punto más crucial fue la apuesta por la ciencia, la tecnología y la innovación. Los tigres asiáticos no solo produjeron, también inventaron. Fomentaron centros de investigación, financiaron a sus empresas tecnológicas y crearon ecosistemas de innovación. En Perú, la inversión en I+D no llega ni al 0,2 % del PBI. Seguimos siendo un país que exporta materias primas y luego importa tecnología.
Y todo esto ocurrió bajo un marco político estable. No perfecto, pero sí funcional. En Asia, los gobiernos, independientemente de su ideología, entendieron que el desarrollo no es un proyecto de cinco años, sino de varias décadas. En Perú, llevamos seis presidentes en nueve años. Sin estabilidad ni rumbo, es imposible pensar en progreso sostenido. Pero, el Perú tiene ventajas que muchos de esos países no tuvieron: vastos recursos naturales, una posición geográfica estratégica, tratados comerciales vigentes y una población joven con talento. Lo que falta es liderazgo, planificación y, sobre todo, voluntad.
Si es posible que el Perú sí puede crecer al 6 % o más. Puede construir infraestructura moderna, tener un sistema educativo de primer nivel, innovar, exportar conocimiento y transformar su economía. Pero para eso hay que dejar atrás el cortoplacismo, el caos político y el miedo al cambio. Hay que recuperar la fe en el futuro y actuar con determinación. El milagro peruano es posible; pero no va a llegar solo; sino hay que construirlo desde ahora.
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.

1 comentario
ASIATICOS muy buenos matematicos ademas tecnicos van al exterior y les tiene que decirr forma de hacer las cosas, les venden el motor y la forma de hacerlo, Vietnam asi lo hace, Japon lo hizo asi corea tambien, taiwan. Para dejar entrar empresas a mercado chino debieron decir como se hacen las cosas, enseñar la tecnica.