Jhon Valdiglesias Oviedo*
En un movimiento que amenaza con frenar el esfuerzo académico, el gobierno ha decidido reducir drásticamente el bono destinado a los docentes investigadores. Esta medida no solo representa un recorte presupuestal, sino un golpe directo a la motivación de quienes dedican su vida a la producción científica.
El problema va más allá de una simple disminución monetaria. Los docentes no reciben un incentivo por trabajos ya realizados: artículos publicados, investigaciones completadas y contribuciones verificables al conocimiento. Quitar recursos en este contexto equivale a penalizar la productividad, castigando a quienes han demostrado compromiso y excelencia.
La experiencia internacional lo confirma: las universidades mejor posicionadas del mundo deben su prestigio a la inversión constante en investigación, al respaldo económico y a los incentivos que permiten a sus docentes innovar, publicar y consolidar nuevas ideas. Reducir estos recursos en las universidades públicas peruanas es un acto que contradice toda lógica de progreso: mientras el mundo avanza hacia la ciencia y la innovación como motores del desarrollo, aquí se da un paso atrás.
Algunos defensores del recorte argumentan que existen artículos de baja calidad que no cumplen los estándares. Pero esta justificación es débil: regular la calidad de la investigación y filtrar adecuadamente los incentivos no requiere destruirlos ni recortar el presupuesto. Se puede, y se debe, mantener la excelencia sin sacrificar los recursos esenciales para quienes producen conocimiento.
Lo que está ocurriendo no es menor: es un ataque a la función fundamental de la universidad, a la posibilidad de que los jóvenes investigadores comiencen a construir carrera científica, y a la reputación internacional de la educación superior peruana. Es un retroceso que podría tener efectos irreversibles en la productividad científica del país.
Es hora de alzar la voz. Docentes, investigadores, estudiantes y ciudadanos comprometidos con el futuro deben exigir que los recursos para investigación no solo se mantengan, sino se fortalezcan. No podemos permitir que la política fiscal y decisiones administrativas cortoplacistas asfixien la innovación y la ciencia en nuestro país. La revolución del conocimiento no espera, y cada recorte de presupuesto es un obstáculo que debemos denunciar y revertir con urgencia.
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
