Jhon Valdiglesias Oviedo*
A propósito del reciente informe de la CEPAL, en 2024, América Latina vivió un repunte en la inversión extranjera directa (IED), liderado por Brasil, México, Colombia y Chile. Aunque Perú no encabezó la lista, sigue siendo uno de los destinos más estratégicos para la IED, especialmente en minería. Junto con Chile, Brasil y Argentina, concentra el 84 % de los flujos de inversión minera en la región, gracias a su riqueza en minerales críticos como el cobre y el litio. Esta ventaja natural mantiene al país en el radar de grandes economías globales, incluso en medio de una coyuntura política compleja.
Perú cuenta con un enorme potencial para atraer inversión extranjera directa gracias a su riqueza en minerales críticos como el cobre, litio y oro, que posicionan al país como un actor clave en la minería global. Además, destaca en sectores como la agricultura, con exportaciones competitivas, la pesca, el turismo cultural y natural, y una creciente industria manufacturera. Su ubicación estratégica en la costa pacífica favorece el comercio internacional y la logística. Con una población joven y mercados internos en expansión, Perú ofrece oportunidades para inversiones en infraestructura, energías renovables y tecnología, haciendo del país un destino atractivo y diversificado para capitales internacionales.
Sin embargo, la CEPAL advierte que el ingreso de nuevas inversiones en la región está estancado, y Perú no es la excepción. Su potencial podría frenarse si no se enfrenta con decisión tres problemas clave: la ausencia de reformas estructurales, la falta de previsibilidad regulatoria y la inestabilidad política. En una región que compite por atraer capitales cada vez más escasos, el país necesita pasar de las oportunidades a las acciones.
Las reformas estructurales más urgentes incluyen: modernizar el Estado y combatir la corrupción, consolidar un sistema judicial transparente y confiable, aplicar una reforma tributaria que incentive la formalidad, flexibilizar el mercado laboral, alinear la educación con las demandas del mercado y ejecutar una descentralización real y efectiva. Sin estos cambios, Perú arriesga perder protagonismo en el tablero económico regional.
Además, lograr un entorno regulatorio predecible y estable es clave. Esto requiere fortalecer las instituciones, garantizar el respeto a las normas, y asegurar reglas de juego claras, duraderas y libres de interferencias. También es esencial mantener un diálogo abierto entre el Estado y el sector privado. Solo así se podrá recuperar la confianza del inversionista, atraer IED sostenida y liberar todo el potencial económico del Perú.
Perú tiene un potencial enorme para brillar, pero necesita dar un paso firme y valiente hacia las reformas que lo impulsen. Modernizar el Estado, fortalecer la justicia y crear un ambiente mucho más estable no es solo urgente, es vital para que la inversión extranjera confíe en nuestro futuro. Es momento de unir fuerzas, superar la incertidumbre y abrir las puertas a un crecimiento que beneficie a todos. Perú merece ser protagonista, y ese cambio está en nuestras manos.
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
