Jhon Valdiglesias Oviedo*
Mientras Chile refina casi todo su cobre, dándole valor agregado y transformándolo en riqueza duradera, Perú sigue enviando al mundo sus minerales en forma de concentrados, crudos y sin aprovechar el potencial que tiene. La historia se repite: el país rico en recursos naturales queda a merced de empresas privadas y de intereses extranjeros, mientras nuestros minerales generan ganancias para otros y dejan migajas para nosotros.
China, que hace solo unas décadas también dependía de la exportación de materias primas, pero se está desarrollando gracias a su visión estratégica, sus empresas estatales china y parques industriales. Lo que ellos hacen es simple, pero poderoso: invierten en infraestructura, en refinación y en transformación tecnológica para que cada tonelada de mineral genere mucho más que dinero rápido, genere futuro, industria y empleo de calidad.
¿Y nosotros? Seguimos atrapados en un modelo que busca ganancia inmediata, y deja de lado el desarrollo nacional. Tenemos una refinería en Ilo, una sola, mientras que casi todo el cobre peruano sale del país como concentrado. ¡Es una maldición que nos condena a siempre estar un paso atrás!
El gobierno no puede seguir desentendido. La política peruana debe actuar, exigir que los minerales y recursos estratégicos salgan del país con valor agregado, y no como materia prima que otros convierten en tecnología, infraestructura y riqueza. El cobre no es solo un recurso; es la base para desarrollar chips, componentes electrónicos, baterías y parques industriales de alta tecnología. Eso es lo que Perú necesita, y eso es lo que China ya nos ha mostrado que se puede lograr.
El modelo chino es un espejo y una oportunidad: ellos también empezaron con recursos, petróleo y minerales, y hoy son potencia industrial. Si tenemos alianzas estratégicas, como el puerto de Chancay y proyectos mineros conjuntos, no podemos conformarnos con menos. Perú debe aprender, exigir y actuar: cada tonelada de cobre, zinc, litio o cobre no puede salir cruda del país. Debe transformarse aquí, generar empleo, industria y desarrollo tecnológico, y convertirse en un motor de futuro para los peruanos.
El tiempo de mirar hacia otro lado se acabó. La riqueza de Perú no está solo bajo tierra: está en nuestra capacidad de transformarla, industrializarla y convertirla en poder y progreso para todos. Es hora de despertar, de exigir políticas claras, inversión en infraestructura estratégica y regulaciones firmes. Perú puede, Perú debe, Perú merece más que concentrados crudos; merece su verdadero desarrollo.
____________
* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
