Jhon Valdiglesias Oviedo*
China ha desarrollado una extensa y avanzada infraestructura ferroviaria tanto dentro como fuera de su territorio. A nivel nacional, lidera con la red de trenes de alta velocidad más grande del mundo, con más de 40,000 km de vías, y una vasta red ferroviaria convencional. Internacionalmente, a través de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, ha financiado y construido importantes proyectos ferroviarios en Asia, África y Europa, como la línea de alta velocidad en Laos, el ferrocarril de Nairobi a Mombasa en Kenia, y la modernización de vías en Serbia y Rusia, consolidándose como un líder global en el sector ferroviario.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China tiene como objetivo expandir su influencia económica y geopolítica globalmente, y uno de sus enfoques clave es el desarrollo de infraestructuras, incluyendo trenes y vías ferroviarias. China, con un exceso de capacidad industrial en sectores como la construcción y la fabricación de trenes, busca aprovechar esta capacidad excedente mediante la inversión en proyectos internacionales de infraestructuras, fomentando relaciones comerciales y políticas.
En el caso de Perú, China ha mostrado interés en desarrollar ferrocarriles y otras infraestructuras, especialmente alrededor del Puerto de Chancay, como parte de su estrategia para mejorar el acceso a los mercados sudamericanos y facilitar el transporte de mercancías, consolidando así una red de comercio y conectividad global.
La falta de visión y el desinterés de los políticos peruanos en proyectos de infraestructura clave, como los ferrocarriles, se deben a una combinación de factores políticos, sociales y económicos. En muchos casos, la inestabilidad política, las luchas internas entre el gobierno y el Congreso, la corrupción y la falta de continuidad en las políticas públicas han generado un ambiente poco propicio para la inversión a largo plazo.
Además, la falta de una estrategia coherente para el desarrollo de infraestructuras esenciales y la polarización política han obstaculizado la implementación de proyectos que podrían beneficiar al país en términos de conectividad, comercio y crecimiento económico. Esta situación, sumada a los conflictos sociales y la inseguridad jurídica, ha frenado el interés de inversores nacionales e internacionales, limitando el potencial de desarrollo y el aprovechamiento de oportunidades como las que podría ofrecer la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Para concretar proyectos de trenes y vías alrededor del Puerto de Chancay, Perú necesita un liderazgo político fuerte y visionario que supere las barreras de la inestabilidad y polarización actuales. Este liderazgo debe ser capaz de articular una visión clara y de largo plazo para el desarrollo infraestructural del país, que integre la conectividad ferroviaria como un motor clave de crecimiento económico y competitividad.
Es esencial que los líderes políticos promuevan un entorno de estabilidad, transparencia y cooperación con el sector privado, tanto nacional como internacional, para atraer inversiones y garantizar la ejecución efectiva de los proyectos. Un enfoque estratégico y coordinado no solo fortalecería el Puerto de Chancay como un hub logístico en la región, sino que también impulsaría la integración del país con mercados globales, creando empleos, mejorando la competitividad y transformando a Perú en un centro clave de comercio en Sudamérica.
*Doctor en Economía, UIBE Beijing; Master en Estudios Asiáticos, NCCU, Taiwán;
Economista por la UNMSM, Lima
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