Jorge Manco Zaconetti
En mi artículo anterior señalaba la necesidad de una negociación estratégica de parte del Estado central y regional con las empresas transnacionales mineras antes que indebidas expropiaciones y nacionalizaciones que nos convertiría en la nueva Venezuela, con la versión peruana de un comandante Hugo Chávez, estableciendo un régimen dictatorial, demagógico y empobrecedor. Pruebas al canto, los más de siete millones de jóvenes profesionales migrantes que han invadido a los países vecinos, y el derrumbe del poder adquisitivo de los salarios en el país llanero, los más bajos de la región.
Esta negociación estratégica resulta necesaria para promover las inversiones privadas en general y mineras en particular por su efecto multiplicador al conjunto de la economía peruana, en especial en las regiones, no solamente por los ingresos derivados como canon y regalías y los derechos de vigencia entre otros, sino por la demanda agregada, en compras locales, demanda de servicios, empleos directos e indirectos generados.

Al margen de cualquier simpatía mis investigaciones sobre el sector me llevan a sostener que la actividad minera es la más importante de la economía peruana, por razones varias que van desde la generación de las divisas por medio de los ingresos de exportación que explican en gran parte la estabilidad del tipo de cambio del sol frente al dólar; la fortaleza del nivel de las reservas internacionales netas por más de US $ 83 mil millones de las cuales solamente el 4% están expresadas en oro, a pesar de extraer anualmente tanto legal como informalmente más de siete millones de onzas de oro.
El ingreso de las exportaciones mineras que explican en promedio el 65 % del total de las exportaciones totales del país más las inversiones realizadas han otorgado la debida estabilidad monetaria del sol peruano en relación al dólar, convirtiéndose en la moneda más fuerte de esta parte del mundo.
Evidentemente hacer realidad la cartera de proyectos mineros de cobre que constituyen el grueso de la cartera con 24 proyectos cupríferos que comprometerían inversiones superiores a los US $ 37,442 millones de dólares. No solamente se duplicaría la producción actual de 2.8 millones de toneladas anuales, con las posibilidades de superar a nuestro vecino del sur, Chile que lidera la producción mundial del metal rojo.
El sector minero que se desenvuelve en nuestro país está controlado por empresas transnacionales básicamente, y es uno de los pocos sectores que atrae el interés de las grandes empresas mineras de dimensión mundial, a pesar de la inestabilidad y crisis política, en razón de las altas tasas de rentabilidad, que no obtienen en Australia, USA, Canadá, China e incluso en Chile.

Por tanto, una serie de razones que hemos expuesto que van desde la transición energética a pesar de las bravuconadas de Donald Trump, las energías limpias, la electromovilidad, los conflictos bélicos entre otros se demandará más cobre a los países productores como el Perú que tiene importantes proyectos de inversión que necesitan ser destrabados con diálogo, transparencia y responsabilidad social y ambiental.
Con la estadística oficial del Ministerio de Energía y Minas, existen 30 proyectos mineros cupríferos que comprometen inversiones cercanas a los US $ 40 mil millones de dólares, que resultan necesarios para asegurar el crecimiento económico de los próximos años, pues no podemos conformarnos un crecimiento mediocre del PBI del 3 % anual cuando se pudiera crecer a tasas de 5 % o 6% y así generar mayores ingresos fiscales en un nuevo marco tributario.
RIQUEZA POTENCIAL
Solamente una región empobrecida como Cajamarca con más de 1.3 millones de habitantes de los cuales según el propio Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), consideraba para el año del 2023 que el 44.5 % de la población cajamarquina se reproducía en la condición de pobreza monetaria, que no resulta el mejor indicador de la pobreza, con lo cual podemos inferir que más del 50% de la población puede ser considerada pobre.

Sin embargo, solamente Cajamarca concentra compromisos de inversión en proyectos de cobre por más de US $ 11,500 millones de dólares según la información del Ministerio de Energía y Minas (MINEM). Gracias a su potencial minero donde es posible la convivencia de la agricultura con la minería gracias a la tecnología moderna.
La realidad económica social de Cajamarca sería otra si se destrabaran los proyectos mineros con importantes volúmenes de inversión privada. Así, el proyecto El Galeno supone compromisos de inversión de US $ 3,500 millones; Sulfuros Yanacocha demandaría US $ 2,500 millones; Michiquillay significaría inversiones de US $ 2,500 millones; el proyecto La Granja supone inversiones de US $2,400 millones y Coimolache Sulfuros sumaría más de US$ 598 millones de dólares.
La otra región que concentra los mayores volúmenes de inversión cuprífera es Apurímac, que con la información oficial concentra compromisos del orden de los US $ 8,767 millones de dólares.
En dicha región destacan los proyectos de cobre de Los Chancas con inversiones proyectadas de US $ 2,600 millones; el proyecto Haquira que demandaría inversiones de US $ 1,860 millones; a los cuales habría que sumar Reposición Ferrobamba con US $ 1,783 millones; el proyecto Cotabambas con US $ 1,486 millones y el proyecto Trapiche con compromisos de inversión de US $ 1,038 millones de dólares.

En realidad, para retomar el sendero del crecimiento económico, la creación de riqueza que resulta fundamental para el país, nuestro país demanda mayores inversiones privadas en especial en los sectores extractivos como la minería, para aprovechar la coyuntura internacional favorable que está “gatillando” los precios del cobre al alza. Pero se debe apostar por la exportación de cobre fino que tienen un mayor valor en el mercado internacional, pues no podemos continuar exportando concentrados de cobre como hasta ahora; ello supone una negociación estratégica con las empresas transnacionales mineras, reconociendo el principio constitucional que los recursos naturales constituyen Patrimonio de la Nación.
Diario Uno, 25.01.2025
