La adecuación a la historia
| ……..Allan Wagner Tizón |
por Herbert Mujica Rojas
En el preciso estudio que ha consagrado Aníbal Sierralta Ríos a la Internacionalización de las empresas latinoamericanas, (Lima 2007, PUCP), subraya con énfasis lo que Jurgen Samtleben afirma del libro en la contracarátula: “El autor desarrolla en el Capítulo I una teoría novedosa y original. Al igual que su planteamiento durante la V Conferencia Interamericana de Derecho Internacional Privado (CIDIP), en que fue el único que expresó que no son los organismos internacionales los que establecen los principios generales del derecho del comercio internacional, sino que estos surgen del uso y de la práctica de los operadores (…).. y de muchas entidades que sin serlos retoman esta práctica y la convierten en documentos aceptados por el comercio internacional”.
Y anticipándose con largueza de lustros a ciertas prácticas que ya reconocen, como veremos luego, prácticas aberrantes y a niveles oficiales, dice Sierralta: “En el área educativa, se plantea reescribir el pasado, ya que los referentes históricos influyen en la acción de los operadores y los grupos sociales, lo que frena, con frecuencia, el desarrollo de algunas inversiones extranjeras. Con tal motivo, se busca dejar a un lado el pasado si es que este es molesto e incómodo para el país inversionista. Entonces, se habla de no recordar la historia, sobre todo si esta evoca circunstancias que se pueden repetir en el campo de la inversión y en la política interna. Por ello, los Estados y las grandes transnacionales, que, con frecuencia, tienen un volumen de ventas mayor que el PBI de cualquier país latinoamericano, actúan a través de las instituciones académicas, los medios culturales, las fundaciones, los periódicos, las editoriales, las revistas e, incluso, los simposios universitarios y de instituciones de intelectuales con el fin de influir en la sociedad.”
Aquí en Perú fuimos mucho más lejos. En noviembre de 1985, siendo canciller, tan ágrafo entonces como hoy, Allan Wagner Tizón, firmó con su par chileno de esas fechas, Jaime del Valle Alliende, la siguente barbaridad en el Punto III de esa malhadada Acta sobre Revisión de Textos de Historia:
“Los ministros estuvieron de acuerdo en poner en práctica, en el más corto plazo posible, un procedimiento que permita en sus respectivos países efectuar una revisión de los textos de historia, a nivel de la enseñanza primaria y secundaria, con miras a darles un sentido de paz e integración”.
Bien hace en puntualizar Sierralta en su trabajo y en el capítulo 3.5.3 La adecuación de la historia:
“El tercer plano de la penetración cultural se refiere a cambiar los libros de historia y olvidar para consolidar las empresas y las inversiones en el país receptor, sobre todo con la argumentación de que estas crean fuentes de trabajo. Una influyente revista peruana que exponía las ventajas de las inversiones chilenas concluía afirmando: “De un concepto de soberanía nacional y estatal debemos pasar a un concepto de soberanía ciudadana y civil. En algunos años debemos, quizá, revisar nuestros libros de Historia”.
¿No hemos escuchando salmodias recurrentes y a cargo del presidente García, la inefable ministra Mercedes Aráoz y de múltiples rábulas oficialistas los argumentos de fuentes de trabajo, mirada al futuro, amnesia de lo que ocurrió porque pertecene al pasado que hay que superar? Nótese que el libro, cuya insuficiente recensión hacemos hoy, fue lanzado al mercado (hoy absolutamente agotado) en el 2007, mucho antes del actual y vigente, sin que se entere el Congreso, TLC con Chile que sí firmó el Parlamento de ese país pero no el nuestro.
El trabajo de Sierralta merece in extenso no una sino varias crónicas ilustrativas para los lectores ávidos de enfoques certeros y valientes. En tiempos en que gerifaltes, ágrafos y mercenarios pretenden hacer las cosas al revés, testimonios como el presente, merecen la lectura obligada y militante de todos los que quieran enterarse de otros puntos de vista.
¡Así son Los libros, mis amigos!

6 comentarios
Borrar la memoria
Desde su primer gobierno, el sirviente chileno Alan García ha trabajado mucho para torcer la historia y tapar el robo y terrorismo que cometieron los rateros chilenos durante la guerra 1879-1883.
Con esta traidora obliteración de las mentes buscan que el pueblo peruano sea, como el Apra, sirviente de Chile. Pero la memoria histórica del pueblo es segura e incorruptible.
¡Muera Chile! ¡Recuperemos Arica y Tarapacá!
opinion
estoy de acuerdo con francisco asta en la iniciativa :angry:
Ya aaa peee cholo Franciscano…..JAMAS !!
leelo de nuevo….
JAMAAAAS !!! volverá a tu miserable país Arica y Tarapacá….
muera tu pais basofia!!!!! 👿
envidiosos , miserables, prostituos baratos y vendidos al imperialismo gringo….cinicos e hipocritas !!!
«¡Muera Chile! ¡Recuperemos
Arica y Tarapacá!»
SIIIIIIII . CON INSULTOS, ESCUPITAJOS , MALAS CARAS Y COLUMNISTAS MEDIOCRES
( pero desde bien lejos, no sea cosa que los rateros chilenos de enojen)
El especimen chileno es un degenerado porque desciende de la escoria o excremento que el virreinato del Peru mandaba a Chile en castigo:
rateros
borrachos
prostitutas
locos
estafadores
maricones
asesinos
y demas bestias
de alli era dificil salir por eso Chile era la carcel natural,, al sur el polo al norte desierto al oeste mar al este cordillera.
en chile esos desterrados marginales se cruzaron con los canibales que no conocian ni el fuego ni el vestido y hasta el siglo XX los europeos los llevaban a latigazos encadenados a mostrarlos como bestias en los zoos
En el siglo XX tienen cruce de nazis de la colonia Dignidad que se reproducen en incesto, siguen degenerando
sobre todo su cerebro es de bestia no da para razonar.solo saben de robo y violencia