Por Herbert Mujica Rojas
Señor rector de la Universidad César Vallejo, Sigifredo Orbegozo Señor embajador Félix C. Calderón Señor Manuel Jesús OrbegozoAutoridades de este importante centro de estudios.
Señoras y señoras:
Quiero escribir, pero me sale espuma,
quiero decir muchísimo y me atollo;
no hay cifra hablada que no sea suma,no hay pirámide escrita, sin cogollo.Quiero escribir, pero me siento puma;quiero laurearme, pero me encebollo.No hay tos hablada, que no llegue a bruma,no hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,carne de llanto, fruta de gemido,nuestra alma melancólica en conserva.Vámonos! Vámonos! Estoy herido;Vámonos a beber lo ya bebido,vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.
Bolívar –el guerrero, el hombre de salón, el orador, el escritor, el político, el estadista, el legislador- no amó al Perú.”
Entonces, volvamos a la fuente y acudamos a César Vallejo en su poema Masa:
Al fin de la batalla,y muerto el combatiente, vino hacia él un hombrey le dijo: «No mueras, te amo tanto!»Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.Se le acercaron dos y repitiéronle:«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.Le rodearon millones de individuos,con un ruego común: «¡Quédate hermano!»Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.Entonces, todos los hombres de la tierrale rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;incorporóse lentamente,abrazó al primer hombre; echóse a andarCaminemos por la paráfrasis:Al fin de la batalla,y muerto el combatiente, vino hacia él un hombrey le dijo: «No mueras Lectura te amo tanto!»Pero la Lectura ¡ay! siguió muriendo.Se le acercaron dos y repitiéronle:«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»Pero la Lectura ¡ay! siguió muriendo.Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»Pero la Lectura ¡ay! siguió muriendo.La rodearon millones de individuos,con un ruego común: «¡Quédate Lectura!”Pero la Lectura ¡ay! siguió muriendo.Entonces, todos los hombres de la tierrala rodearon; les vio la Lectura triste, emocionada;incorporóse lentamente,abrazó al primer hombre; echóse a andar”
Lima, junio del 2005”
Yo soy el coraquenque ciegoque mira por la lente de una llaga,y que atado está al Globo,como a un huaco estupendo que girara.Yo soy la llama, a quien tan sólo alcanzala necedad hostil a trasquilarvolutas de clarín,volutas de clarín brillantes de ascoy bronceadas de un viejo yaraví.Soy el pichón de cóndor desplumadopor latino arcabuz;y a flor de humanidad floto en los Andes,como un perenne Lázaro de luz.Yo soy la gracia incaica que se roeen áureos Coricanchas bautizadosde fosfatos de error y de cicuta.A veces en mis piedras se encabritanlos nervios rotos de un extinto puma.Un fermento de Sol;levadura de sombra y corazón!
Aquí estamos, por último, por lo menos en cuanto a mi humilde tenor se refiere, para decir que aguardamos aún mucho de su producción embajador Calderón. Que el Perú de adentro, el sincero, ese que ningunean desde la capital pero que crea inflexiones nacionales de digna imaginación, le sabe pleno y firme en la bitácora que se ha propuesto con sus libros que también tendrán que ser leídos y formar parte del rico acervo cultural y pedagógico del país. Aquí estamos como cuando el Perú de Grau, Bolognesi, Cáceres y el Soldado Desconocido de mil batallas heroicas, nos convocó, en los caminos de Nuestra Señora la Vida a combatir juntos sin conocernos por el Perú y su gente. Aquí estamos fraternos y limpios, para todos los nuevos retos a que se nos quiera llamar. Palabra de hoy. Palabra de mañana. ¡Palabra de siempre!
Muchas gracias.
