Jonas E. Alexis, Senior Editor
Peiman Salehi, Political Analyst & Writer from Tehran
En junio de 2025, el mundo fue testigo del estallido de una guerra a gran escala entre la República Islámica de Irán y el régimen sionista de Israel. Este conflicto, que se extiende mucho más allá de la esfera militar, está modificando los panoramas políticos, mediáticos y geopolíticos. Al comienzo de las hostilidades, Israel inició una operación sorpresa que se llevó la vida de varios comandantes militares y científicos iraníes de alto rango. Tel Aviv vio este acto como un logro significativo, anticipando que sumiría a Irán en el desconcierto psicológico y retrasaría su respuesta.
Sin embargo, esta suposición resultó estar gravemente errónea. La República Islámica se recuperó rápidamente y, en cuestión de días, lanzó una serie de ataques sin precedentes contra ciudades israelíes clave como Haifa y Tel Aviv. La magnitud de los daños infligidos a la infraestructura estratégica [de Israel] sugería una profunda perturbación del equilibrio psicológico y político, lo que indicaba un cambio fundamental en las normas o pautas de enfrentamiento bélico. A medida que el conflicto se intensificaba, el primer ministro Benjamín Netanyahu hacía esfuerzos concertados para involucrar a Estados Unidos en la refriega. Donald Trump, que inicialmente reaccionó con sarcasmo ante la noticia de las bajas iraníes, pronto cambió de tono y se presentó como un mediador. Este giro retórico no refleja un deseo genuino de paz, sino más bien una preocupación por las consecuencias cada vez más amplias del conflicto.
Desde la perspectiva de Teherán, la guerra no es simplemente una campaña reaccionaria, sino un esfuerzo calculado para alterar el equilibrio de poder regional. El enfoque de Irán indica una visión estratégica dirigida a redefinir la arquitectura de seguridad de Asia occidental. Los analistas se enfrentan ahora a una pregunta fundamental: ¿la guerra se limitará a las fronteras regionales o evolucionará hacia una confrontación global más amplia? Las diferentes posiciones de las potencias nucleares de Oriente y Occidente apuntan a nuevos realineamientos globales. Naciones como Pakistán, India, China y Rusia ven la crisis a través de sus distintos lentes estratégicos.
Mientras tanto, ha resurgido la relevancia geopolítica de cuellos de botella como el Estrecho de Ormuz y Bab al-Mandab, lo que subraya su importancia para el comercio mundial y la estabilidad internacional. Esta guerra parece ser cada vez más una confrontación entre dos visiones opuestas del orden mundial. El modelo liberal centrado en Estados Unidos —caracterizado por el intervencionismo, las ambiciones hegemónicas y las estructuras de poder asimétricas— se enfrenta a una resistencia sin precedentes. En su lugar, está ganando terreno un orden multipolar defendido por las potencias emergentes.
Si este momento es aprovechado sensatamente por los estados independientes y los movimientos de resistencia, podría marcar un punto de inflexión en la historia política contemporánea. El mundo —al que una vez había llegado el “fin de la historia”, según se proclamaba— ahora está experimentando el regreso de la historia, impulsado por la renovada acción de naciones soberanas.
En última instancia, para contrarrestar las intervenciones imperiales y desmantelar los marcos globales impuestos, esta guerra debe entenderse no solo como un evento aislado, sino como una coyuntura transformadora en las relaciones internacionales. La resistencia hoy no se limita a una fuerza regional, es un discurso global que desafía la dominación. La elección entre la sumisión y la resistencia ya no es solo de Irán; es algo que la historia debe resolver ahora.
Traducción de Con nuestro Perú de
“Israel’s Strategic Miscalculation and the Dawn of a New World Order” en
VTForeign Policy 18-05-2025
