Miguel Ángel Rodríguez Mackay
Desde el anuncio del rey Juan Carlos I de Borbón de su abdicación al trono de España, el pasado 2 de junio, todo ha sido previsto con pulcritud legal. El Congreso de Diputados aprobó la semana anterior por mayoría absoluta con más de 299 votos a favor y tan solo 19 en contra, la ley orgánica que permite la abdicación dinástica dado que esta no había sido regulada en el país y se ha realizado conforme la Constitución española de 1978.
Ayer, el Senado, esta vez requiriendo únicamente mayoría simple, también la ha aprobado. La ley permite que hoy el Rey formalice con su firma la abdicación a la Corona que recibió en 1975, a la muerte del dictador Francisco Franco.
El acta protocolizada de la firma de abdicación sancionada por el propio Juan Carlos que será en el Salón de Columnas del Palacio Real, llevará la refrendación del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
Será una ceremonia breve. A las 00 horas del jueves 19 y publicado en el Boletín Oficial del Estado técnicamente España ya tendrá nuevo rey, que en las horas siguientes será proclamado en otro acto ad solemnitatem. Juan Carlos, que reinó por 39 años, es hijo de Juan de Borbón, Conde de Barcelona, y pasará a la tribuna de la realeza conservando el carácter honorífico de rey y el tratamiento de majestad, junto a su esposa Sofía de Grecia. Ambos, en los futuros actos oficiales de la realeza española, solo serán precedidos por las infantas Leonor y Sofía.
Una aquiescencia constitucional otorgaría a Juan Carlos una protección ante causas penales o civiles que pudieran sobrevenirle en el futuro. Fue su mayor virtud consolidar la transición de España a la democracia en un país donde el rey reina, pero no gobierna.
Correo, 18.06.2014
