Jhon Valdiglesias Oviedo*
Es incorrecto que se opten por abrir muchas universidades nuevas en lugar de potenciar y hacer crecer las instituciones educativas ya existentes. Este enfoque de expansión puede generar una saturación innecesaria en el sistema educativo, dispersando recursos y reduciendo la calidad de la educación. En lugar de crear nuevas universidades, una estrategia más efectiva sería invertir en la mejora de las infraestructuras y la actualización de los programas académicos de las universidades ya operativas, fomentando su capacidad de investigación, innovación y especialización. Esto no solo optimizaría el uso de los recursos financieros y humanos, sino que también contribuiría a una formación más sólida y pertinente, asegurando una mayor competencia y relevancia en el mercado laboral. Además, las universidades existentes ya tienen una base de alumnos y una estructura administrativa que puede ser aprovechada para adaptarse a las nuevas demandas educativas, en lugar de duplicar esfuerzos en la creación de nuevas instituciones.
Universidades emblemáticas como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y la Universidad Nacional Agraria La Molina, podrían mejorar significativamente su posición en los rankings mundiales si se les incrementaran los recursos, la cantidad de alumnos y la calidad del cuerpo docente. Al contar con más recursos financieros, estas instituciones podrían invertir en infraestructura moderna, laboratorios avanzados y tecnologías educativas de vanguardia, lo cual mejoraría la calidad de la enseñanza e investigación. Además, al aumentar la oferta de programas académicos de alta demanda y fortalecer las áreas de investigación, se elevaría el prestigio internacional de estas universidades. Un mayor número de alumnos con formación de excelencia, sumado a la contratación de docentes altamente calificados y especializados, potenciaría la formación académica y la capacidad de generar conocimientos relevantes a nivel global. Con el tiempo, este fortalecimiento institucional permitiría a estas universidades competir de manera más efectiva en rankings internacionales, mejorando su visibilidad y atrayendo estudiantes y académicos de todo el mundo.
Los alumnos se beneficiarían significativamente al ingresar a universidades más grandes, ya que estas instituciones cuentan con una infraestructura más avanzada, una mayor oferta académica y mejores recursos de investigación. Al ser parte de universidades con una mayor capacidad de inversión, los estudiantes tendrían acceso a tecnologías de punta, laboratorios especializados y programas internacionales de intercambio, lo que potenciaría su formación académica y profesional. Además, la posibilidad de interactuar con una comunidad estudiantil más diversa y con profesores altamente calificados incrementaría sus oportunidades de aprendizaje, desarrollo de habilidades y acceso a redes profesionales globales. Todo esto contribuiría a una educación más integral y competitiva, preparándolos mejor para enfrentar los desafíos del mercado laboral internacional.
Las autoridades educativas nacionales deben rectificar sus malas decisiones que afectan negativamente la formación profesional y la investigación académica a largo plazo, adoptando políticas que prioricen la calidad y sostenibilidad del sistema educativo. Esto implica un enfoque más estratégico en el fortalecimiento de las universidades existentes, aumentando los recursos destinados a la infraestructura, investigación y desarrollo docente, en lugar de crear nuevas instituciones sin una base sólida. Además, es crucial que se fomente un ambiente de colaboración entre universidades, empresas y organismos internacionales, promoviendo proyectos de investigación innovadores y alineados con las necesidades del mercado global. De esta manera, se garantizaría que las futuras generaciones de profesionales reciban una educación de calidad que los prepare para los retos del futuro, mientras que la academia se convierte en un motor de desarrollo e innovación para el país.
*Doctor en Economía, UIBE Beijing; Master en Estudios Asiáticos, NCCU, Taiwán;
Economista por la UNMSM, Lima
