Aunque parecía no importarle el escándalo, finalmente el Presidente de la República se vio obligado a echar a su ministro de Justicia, el aprista Aurelio Pastor, responsable de haber tramitado el indulto irregular al mafioso José Enrique Crousillat.
Pero, como suelen ser casi todos los apristas, Aurelio Pastor se aferró al cargo y no renunció, pese a que había dado su palabra de que si el indulto a Crousillat resultaba irregular entonces él renunciaría.
García no tuvo otra salida que expulsar a su ministro, aunque hay que reconocer que el mandatario no hubiese dado de baja a Pastor si el Apra hubiese estado en control de la prensa, como presuntamente pretendía hacerlo mediante las maniobras de Crousillat para apoderarse del Canal 4.
Para dar a conocer la salida de Pastor, García no realizó el anuncio personalmente, lo hizo a través de un documento de prensa.
Manotazos de ahogado
En las últimas horas de su gestión en calidad de ministro de Justicia, en un cantinflesco intento por aferrarse al cargo, Pastor, rodeado de sus incondicionales apristas, proclamaba que todo se trata de una campaña de El Comercio contra él y que ese diario sólo busca defender sus intereses económicos por tratarse de un grupo de prensa y económico.
Pero nadie cree en Pastor, el rechazo fue múltiple. Políticos de Unidad Nacional, del Partido Nacionalista, de Alianza Parlamentaria y hasta algunos apristas demandaron la salida de Pastor.
Marisol Espinoza, vocera nacionalista, recordó que el gobierno está en la obligación de defender a todos los peruanos, lo cual no habían hecho al dejar libre a un corrupto sentenciado que es parte de una mafia organizada que amenaza la democracia.
Víctor Andrés García Belaúnde, congresista de Acción Popular, lamentó que Pastor no tenga capacidad de renuncia y se haya “entornillado” en el cargo esperando que lo saquen “a patadas”. El parlamentario señaló la necesidad de conformación de una comisión investigadora para que se determine quiénes son los responsables de tramitar el indulto.
