Jhon Valdiglesias Oviedo*
Hace apenas tres décadas, China no era conocida por sus gigantes tecnológicos ni por su capacidad de innovación. En los años 80 y 90, el país asiático estaba lejos de tener empresas como Huawei, BYD o TikTok. Lo que sí tenía era algo más poderoso: un Estado con estrategia clara y una habilidad formidable para negociar con las grandes multinacionales del mundo.
Cuando las grandes empresas extranjeras querían ingresar al inmenso mercado chino, el gobierno no les abrió la puerta sin condiciones. Al contrario: les pidió transferencia tecnológica a cambio. La lógica era simple pero poderosa: “Puedes producir aquí, pero tendrás que asociarte con una empresa local y compartir conocimiento”.
Este modelo de «joint ventures obligatorias» permitió que miles de ingenieros chinos aprendieran directamente de compañías como Siemens, General Motors o Boeing. Esa “escuela tecnológica” estatal silenciosa, que funcionó durante años, fue el trampolín para que las empresas locales ganaran músculo, primero copiando, luego mejorando, y finalmente innovando. Hoy, China no solo fabrica celulares: fabrica las marcas que compiten de tú a tú con Apple y Samsung. Tiene trenes de alta velocidad diseñados localmente, y es líder en inteligencia artificial, baterías y autos eléctricos.
La realidad peruana es distinta, pero no está condenada a quedarse atrás. Aunque el Perú no tiene un mercado interno tan grande como el chino, sí puede tomar nota del enfoque estratégico estatal que permitió a China dejar de ser ensamblador para convertirse en creador. Perú necesita negociar mejor sus acuerdos internacionales y grandes inversiones, priorizando beneficios a largo plazo: centros de investigación, formación de talento, compras públicas inteligentes y transferencia de conocimiento.
Pero para eso, necesita resolver algo aún más urgente: construir una base sólida de servicios públicos modernos, educación técnica de calidad, infraestructura eficiente y un Estado que piense como aliado del desarrollo productivo, no como simple administrador de contratos. En lugar de exportar solo minerales o frutas frescas, Perú debe mirar a mediano plazo hacia una economía donde se desarrollen servicios tecnológicos, agroindustria de alto valor, energías renovables y manufactura avanzada.
Y eso requiere un “Estado emprendedor” que ayude a sus empresas a cruzar la frontera de la productividad, tal como lo hizo China cuando no tenía grandes empresas, pero sí tenía una gran visión. En el pasado, China apostó por aprender, ahora es maestro, sobre la base del poder de negociación que aprovecho sus líderes. ¿Estamos listos para tomar la lección en el Perú?
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
