Por Gustavo Duch Guillot
Si los transgénicos no se utilizan para resolver el problema del hambre y además producen efectos negativos para la salud, será mejor prohibirlos. Si atendemos a los comunicados de la Asociación Médica de los Estados Unidos, deberíamos asegurarnos que cada uno de nosotros y nosotras estemos bien lejos de la exposición a los pesticidas.
En España hay 100.000 hectáreas dedicadas al cultivo de maíz transgénico. La contaminación de este maíz a los cultivos convencionales o ecológicos para el consumo humano está demostrada.
En la actualidad, dos de los transgénicos más extendidos llegan, aunque sea en bajas dosis o como residuos, a nuestros platos. Soja bañada de un pesticida llamado glifosato y maíz que incorpora una toxina letal para los insectos. La soja, no la confundamos con la usada en la alimentación asiática, nos llega desde el cono Sur de Latinoamérica y especialmente de Argentina, y su rasgo transgénico la hace inmortal a dicho pesticida, por lo tanto se le riega con esa sustancia. Aunque aquí no consumimos esa soja directamente, es la base de la alimentación de nuestra ganadería intensiva y un ingrediente importante de la comida industrial donde la encontramos como lecitina, un emulgente de las grasas, que se encuentra en la bollería, las salsas, las papillas, etc. ¿Y qué ocurre con los seres humanos que entran en contacto directo con el glifosato como ocurre en muchas poblaciones de esas regiones? Los datos empíricos son claros: malformaciones embrionarias, enfermedades dérmicas, respiratorias y aumento de casos de cáncer.
Y en el laboratorio, cuando se estudia con animales hay ya numerosos y rigurosos estudios muy preocupantes: El Dr. Robert Bellé, Director del Centro Nacional de Investigaciones de Roscoff en Francia, determinó que el glifosato puede inhibir el cese de la reproducción de una célula; el Dr. Dick Ralea de la Universidad de Pittsburg (USA) descubrió que la aplicación de glifosato sobre fuentes de agua con anfibios en desarrollo, destruía el 70% de la biodiversidad de anfibios y el 86% en renacuajos; investigadores oncológicos suecos informaron en el Journal of American Cancer Society de una estrecha relación entre Linfoma No Hodgkin (un tipo de cáncer) y el glifosato; y, por último, los más conocidos estudios dirigidos por el Dr. Gilles-Eric Seralini, de la Universidad de Caen en Francia y asesor de la Comisión Europea, donde demuestra que tal sustancia produce la muerte de las células embrionarias, placentarias y del cordón umbilical, dando origen a malformaciones, teratogénesis y tumores.
El mismo Dr. Seralini alerta en un reciente estudio publicado en International Journal of Biological Science sobre qué le pasa a los animales de experimentación alimentados con maíz con las toxinas Bt antes mencionadas: a los tres meses en los análisis de sangre encuentra un aumento de grasa en sangre (del 20% al 40%), de azúcar (10%) y problemas de riñones y de hígado. Y este maíz, aunque también sólo está aprobado para alimentar ganado, lo tenemos más cerca.
¿Y qué ocurre con los seres humanos que entran en contacto directo con el glifosato como ocurre en muchas poblaciones de esas regiones? Los datos empíricos son claros: malformaciones embrionarias, enfermedades dérmicas, respiratorias y aumento de casos de cáncer.
En España hay 100.000 hectáreas dedicadas al cultivo de maíz transgénico. La contaminación de este maíz a los cultivos convencionales o ecológicos para el consumo humano está demostrada.
Y ahora la Comisión Europea ha aprobado un nuevo cultivo transgénico, la patata. Al igual que el maíz y la soja (mayoritariamente de Monsanto al igual que el glifosato requerido) se trata de un cultivo para usos industriales y piensos. Basf, propietaria de la frankenpatata, aspira a ganar unos 20 millones de euros al año. Esta variedad lleva lleva genes resistentes a los antibióticos. Si entran en la cadena alimentaria, favorecerán la creación de resistencia de las bacterias a esos antibióticos. Y perderemos un recurso médico.
A medida que los transgénicos avanzan, desaparecen las pequeñas fincas productoras de alimentos diversos y de calidad. ¿Son los transgénicos la solución contra el hambre? Pues si no están destinados para el uso humano, está claro que no. Y si cuando nos los comemos nos pasa como a los ratoncitos, ¿por qué no se prohíben? ¿Nuestra mesa está gobernada por Monsanto, Basf y compañía? www.ecoportal.net
Gustavo Duch Guillot. Autor de “Lo que hay que comer”. Miembro de Veterinarios Sin Fronteras. CCS.
Revista Fusión
www.revistafusion.com

1 comentario
En Perú…
!!LLegaron los transgénicos con los chilenos en el gobierno de chinorata fujimori 🙁
Ica fue «regalada» a estos terroristas de América y hasta ahora con la bendición de este gobierno son la fuente de tomates (incatom), papas, fresas, choclos, uvas etc que se venden en los supermercados tottus,vea,metro etc.
El Congreso por orden de Palacio no acepta el rotular los alimentos de transgénicos o no transgénicos porque se arruinarían los negocios de sus criminales hermanos los chilenos!!!
ASPEC denuncia galletas llenas de grasa (sebo animal), azúcar demás (mentira es fructosa transgénica), sal y olvida los otros componentes cancerígenos como trigo y lecitina de soya transgérnica, conservantes, colorantes etc :woohoo:
Lo peor, costa, donofrio, bimbo, ambrosoli, arcor y la transnacional nestlé que dice que aquí NADIE le prohibe usar transgénicos y sus gerentes son asquerosos chilenos!!!