La orden ejecutiva del presidente de los Estados Unidos Donald Trump para acelerar la minería de en aguas profundas, podría dañar irreparablemente los ecosistemas marinos, cuya fauna y flora todavía no se ha catalogado en su totalidad.
El mandatario pidió a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) agilizar los permisos para que las empresas exploten el fondo marino tanto en aguas estadounidenses como internacionales.
La solicitud sin duda ha sido impulsada por las represalias chinas contra los aranceles impuestos por Trum, pues Pekín suspendió la exportación a los EE. UU. de minerales raros necesarios para la producción de tecnología.
Trump afirmó que su orden establece a Estados Unidos como líder mundial en la exploración y el desarrollo de minerales en los fondos marinos, tanto dentro como fuera de la jurisdicción nacional.
La orden se da después de que Metals Company, con sede en Canadá, anunciara que solicitaría aprobación a través de una filial estadounidense para la minería en aguas internacionales, alegando que aparte de suministrar minerales valiosos a los EE. UU. cuidará del planeta, según Gerard Barron, director y presidente de esa empresa, informa AP.
Los ambientalistas aseguran que esa actividad podría perjudicar la pesca e incluso afectar la capacidad de los océanos para absorber y almacenar dióxido de carbono, el principal impulsor del calentamiento global causado por la quema de carbón, gas y otros combustibles fósiles.
Más de 30 países, así como grupos del sector pesquero, ambientalistas y algunas empresas automotrices y tecnológicas, han pedido una moratoria a la minería de los fondos marinos.
“Los científicos coinciden en que la minería de aguas profundas es una actividad sumamente peligrosa para nuestro océano y para todos los que dependemos de él”, declaró Jeff Watters, vicepresidente de asuntos externos de Ocean Conservancy, citado por AP. Además, el daño no sólo afectaría el fondo marino, sino a la calidad del agua desde el lecho marino hacia arriba, incluyendo la flora y fauna viviente allí.
En la década de 1990 varios países se unieron a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, afiliada a las Naciones Unidas, para regular la minería en aguas internacionales. Sin embargo, Estados Unidos nunca se adhirió a la iniciativa y aún no ha adoptado las normas.
Watters advirtió que ignorar estas iniciativas abre la puerta a otros países para que hagan lo mismo antes de que se adopten las salvaguardias. Las ramificaciones podrían repercutir más allá de la minería en aguas profundas, afectando los acuerdos sobre pesca, transporte marítimo, navegación e investigación marina, advirtió Duncan Currie, asesor legal de la Coalición para la Conservación de las Aguas Profundas.
Pero Katie Matthews, científica jefe del grupo de defensa Oceana, afirmó que la orden de Trump de acelerar el proceso ahora “es un claro ejemplo de priorizar la codicia de las empresas mineras por encima del sentido común… Cualquier intento de acelerar la minería en aguas profundas sin las debidas salvaguardias solo acelerará la destrucción de nuestros océanos”, indicó, según AP.
