Jorge Manco Zaconetti
En 2025 por primera vez en la historia económica, nuestro país ocupó el tercer lugar en el valor de las exportaciones superando a Colombia, y Argentina pues tradicionalmente el Perú ocupaba el quinto lugar entre los países de América del Sur, después del gigante brasileño que exportó por un valor de US $ 349 mil millones de dólares. Chile, gracias sobre todo a los altos precios del cobre ocupó el segundo lugar con US $ 102 mil millones, y el Perú con US $ 90 mil millones de dólares, explicados sobre todo por las exportaciones de cobre, cuyos precios están volando, las mayores exportaciones de oro y las agroexportaciones en especial de las frutas.
En verdad, no hay mucho que celebrar si analizamos la composición de las exportaciones, su estructura pues de los US $ 90 mil millones como valor exportado el 65 por ciento, es decir US $ 58,684 millones de dólares están constituidos por productos mineros en especial del cobre cuyo valor de exportación se incrementó de US $ 23,500 millones de dólares en el 2024 para sumar los US $ 28,088 millones en el 2025.
Es decir, el valor exportado del metal rojo se ha incrementado en un 19.5 %, variación que se debe a los mayores precios internacionales del cobre, a pesar de una disminución en los volúmenes exportados.

En el caso del metal amarillo entre el 2024 al 2025 el valor de las exportaciones auríferas se han incrementado en un 46.7% donde los precios del oro se han disparado de forma espectacular alcanzando en los últimos meses del 2024 valores de US $5,000 dólares la onza troy, algo nunca visto en la historia monetaria mundial, que tiene una serie de factores explicativos, que en lo fundamental se basan en la creciente desconfianza en el valor y estabilidad del dólar como moneda de pago, reserva de valor y atesoramiento. Por tanto, los bancos centrales con autonomía compran oro para incrementar y diversificar el valor de las reservas internacionales.
En tercer lugar, es digno de mencionar el incremento de las exportaciones no tradicionales, sobre todo la agroexportación que transitó en el 2024 de US $11,486 millones a los US $ 13,154 millones experimentando una variación del 14.5 % La importancia de estas exportaciones radican en especial en el impacto en el empleo generado más de un millón de puestos de trabajo, donde se impone una redistribución de la riqueza con mayores salarios y mejores condiciones de vida.
Este “milagro de la agroexportación” a pesar del discurso liberal se explica en gran parte por la acción del Estado, que financió las grandes irrigaciones en la costa, un marco tributario favorable con el abono por ejemplo de una tasa del 15 % del impuesto a la renta desde el 2001 al 2021, tasa menor al régimen general que paga una tasa del 29.5 % Si a ello se suma la firma de Tratados de Libre Comercio con una serie de países en especial con los Estados Unidos, la República Popular China, Japón entre los principales.

En la experiencia internacional solamente dos países de los veinte mejor ubicados en el índice de Desarrollo Humano (IDH) Australia y Noruega detentan más del 70 % de sus exportaciones totales en condición de materias primas, lo cual supone que no necesariamente la producción para la exportación de materias primas te condena al atraso y subdesarrollo. De allí
cabe preguntarse las razones por las cuales en nuestro país el crecimiento espectacular de las exportaciones sobre todo mineras no han significado un mayor bienestar para la población del entorno minero, y una débil contribución mineras gracias a las devoluciones de impuestos.
Ello nos lleva a citar las tesis centrales del libro clásico de los economistas Daron Acemoglu y James Robinson reconocidos con el Nobel de Economía en el 2024, ¿Por qué Fracasan los Países? En tal sentido, la vigencia de instituciones políticas y económicas extractivistas, nos condena al atraso, pobreza y subdesarrollo. En nuestro país existe una minoría, una elite, una casta, un grupo privilegiado que concentra la mayor participación de la riqueza, y aprovecha de su poder económico y político para reproducir este patrón perverso de crecimiento que denomino: un crecimiento económico empobrecedor.
Ello significa que mientras mayor sea la riqueza creada teniendo como expresión el valor de la producción de bienes y servicios (PBI), mayor será la población en condición de pobreza, informalidad y subempleo. Los indicadores sociales son numerosos, desde el porcentaje de la anemia infantil superior al 50 % de la población menor a los 5 años en las regiones andinas y amazónicas, más las necesidades insatisfechas en más del 30 % de la población del país.

En verdad este crecimiento exportador sobre todo de materias primas con un pobre valor agregado, entiéndase transformación de las materias primas nos condena al atraso y mayor pobreza por la vigencia de las instituciones políticas y económicas extractivistas, que provocarán mayores conflictos sociales en especial en la minería aurífera donde los precios del oro y la plata se han incrementado a niveles insospechados, constituyendo estímulos perversos que alimenta a las economías ilícitas.
Próximos a un proceso electoral el 12 de abril próximo con una récord mundial de candidatos a la presidencia de la república, con una creciente dispersión política sea quien fuere el elegido como primer mandatario dependerá del poder político del Congreso de la República, es decir dependerá de los círculos antidemocráticos, corruptos, extractivistas que en última instancia están representados por el Poder Económico, los grupos de poder que cortan el jamón.
Por ello, asumo que este patrón de crecimiento económico empobrecedor es inestable, inviable en el largo plazo pues no genera empleo, salvo la agroexportación. Con un Estado débil y capturado por los “grupos de poder” y poderosas empresas transnacionales, la falta de seguridad ciudadana, creciente corrupción, la informalidad, la falta de oportunidad para nuestros jóvenes sobre todo en las provincias de empleo, será un caldo de cultivo para los extremistas de izquierda y derecha, con mensajes radicales.
SIN POLÍTICAS DE ESTADO
La falta de “políticas de Estado” en materia de exportaciones mineras por ejemplo se expresa en las exportaciones de productos mineros como concentrados de cobre, zinc, plomo, plata, hierro cuyos precios son menores a las exportaciones de productos mineros como finos. Estas exportaciones son tratadas en terceros países China Popular, Estados Unidos, Japón, etc. donde son refinados obteniendo una serie de subproductos como litio, cadmio, teluro, selenio, molibdeno, tungsteno, ácido sulfúrico entre otros.
La Derecha Bruta y Achorada (DBA) ataca con todas sus baterías, espadachines a sueldo, expertos de última hora sobre las pérdidas económicas y financieras de PetroPerú desde el 2020 a la actualidad, con un capital de trabajo negativo, y deudas corrientes de corto plazo que superan el valor del patrimonio. Pero callan en mil idiomas sobre las consecuencias económicas del cierre del Complejo Metalúrgico de La Oroya, cerrado desde el 2010, descapitalizando el país pues al estar cerrado el más moderno complejo minero del país, que tenía la virtud de transformar los concentrados mineros en productos finos.
Si antes del cierre la empresa norteamericana Doe Run exportaba por valores cercanos a los US $ 1,000 millones de dólares anuales, cabe preguntarse los cientos de millones de dólares que ha dejado de percibir el Perú, como impuestos directos e indirectos, dejando en la calle a más de 1,200 trabajadores.
Desde 2010 las empresas del centro exportan básicamente concentrados, sea Cia. Minera Volcan, Milpo y Atacocha ahora Nexa Resources del Brasil, Mra. Chinalco de la China, por citar algunas.

Alguna vez el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Ministerio de Energía y Minas (MINEM) se han preguntado por el “costo de oportunidad” dejado de percibir al mantener cerrado el Complejo Metalúrgico de La Oroya, por falta de una política de Estado en el sector. Por ello, miremos a nuestros vecinos del sur que tiene siete refinerías mineras, donde cinco son del Estado chileno y dos son privadas.
Lo menos que se puede exigir a las empresas exportadoras de cobre, con excepción de la Southern Perú Copper Corporation (SPCC)es la producción y exportación de productos finos, para aprovechar los mayores precios y aumentar la fiscalidad estatal. En verdad, debemos apostar por la industrialización de las materias primas lo cual supone una política de Estado y la soberanía de la Nación sobre los recursos naturales.
Diario Uno, 14.02.2026
