Jhon Valdiglesias Oviedo*
La aplicación de un arancel del 10% por parte de Estados Unidos a Perú forma parte de una estrategia global de EE.UU., que ha implementado tarifas similares a casi todos los países y territorios del mundo. Sin embargo, este arancel para Perú es uno de los más bajos, mientras que las economías asiáticas, como Vietnam o Taiwán, enfrentan los aranceles mucho más altos. Las razones detrás de estas tarifas no son económicas, sino políticas: EE.UU. busca fortalecer su poder mediante la reindustrialización, al mismo tiempo que frena el crecimiento global, especialmente contra su principal rival, China. De este modo, se intenta evitar que otros se beneficien del comercio internacional, mientras se mantiene un status quo en el que Estados Unidos sigue siendo la principal potencia económica y política del mundo.
La aplicación de nuevos aranceles es una consecuencia directa de la guerra comercial en la que nos encontramos desde hace varios años y que continuaría por mucho más tiempo. En este contexto, Perú debe seguir impulsando políticas de diversificación, buscando nuevos socios comerciales más confiables y ampliando su red de tratados, no solo comerciales, sino también de inversión. A la par, es esencial que el país emprenda reformas internas cruciales, como el aumento de la productividad, la formalización, la creación de valor agregado e innovación, y el fortalecimiento de sus instituciones. Estas acciones no solo son necesarias para mejorar la competitividad, sino también para enfrentar las críticas planteadas por el gobierno de Trump sobre lo que considera prácticas de competencia desleal que afectan a otros países. Es clave que Perú continúe adaptándose y fortaleciendo su economía para enfrentar los retos globales de manera exitosa.
Asimismo, Perú debería explorar es la posibilidad de imponer aranceles a Estados Unidos de manera estratégica. Contra el pensamiento extremista liberal que prevalece, debemos reconocer que importamos de EE.UU. productos como textiles y juguetes que fácilmente podrían ser producidos localmente. Como una medida de reciprocidad, Perú debería evaluar la opción de establecer aranceles, al igual que lo ha hecho México, Canadá y China respondiendo con tarifas a las tierras raras que importa EE.UU. para producir semiconductores. Además, debemos aprender de China en reducir la dependencia del resto del mundo. Esto se logra fortaleciendo nuestro mercado interno, promoviendo la producción industrial y el desarrollo de tecnología propia, tal como lo hace China a través de su Plan Made in China 2025.
Finalmente, Perú debe aprovechar sus relaciones con China, ya que este país ha anticipado y preparado estrategias frente a situaciones como las que estamos viviendo actualmente desde hace varias décadas. China ha fortalecido sus vínculos con numerosos países, especialmente en África, a través de diversas iniciativas. La más emblemática de estas es la Iniciativa de la Ruta y la Seda, de la cual Perú forma parte, junto a más de 100 países. Esta iniciativa abre la puerta a intensificar el comercio, la construcción de infraestructura y la conectividad, proporcionando una relación más estable y confiable en comparación con la incertidumbre que genera la actual administración del gobierno de Trump. Aprovechar esta alianza estratégica no solo nos permitirá diversificar nuestras relaciones comerciales, sino también integrarnos a una red de colaboración global con mayores oportunidades de crecimiento.
* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
