Jorge Manco Zaconetti
En 2024 las exportaciones tradicionales y no tradicionales serán superiores a los US $ 72 mil millones de dólares y el crecimiento porcentual respecto de 2023 será mayor al 12.5 %, gracias sobre todo a los precios del cobre y del oro que constituyen el grueso de las exportaciones mineras, que representan más del 60 % de las exportaciones totales del país.
En verdad, debemos aprovechar la coyuntura internacional de los altos precios del cobre y del oro que están volando, para tener más ingresos fiscales directos e indirectos y aprovechar el efecto multiplicador de las inversiones. ¡Sería otra oportunidad perdida el no hacerlo!
En verdad, como política de Estado debemos apostar por un mayor crecimiento de las exportaciones en general, pero sobre todo con las exportaciones con un mayor valor agregado, es decir con un mayor grado de elaboración. Resulta inaceptable que exportemos más de 2.5 millones de toneladas de cobre anuales como concentrado. Sirva de ejemplo lo que hace nuestro vecino del sur, Chile donde la mayor participación de las exportaciones de cobre más de 5.3 millones de toneladas anuales, están constituidas de cobre fino.

Por lo menos las exportaciones cupríferas deben tener la calidad de cobre fino en la forma de cátodos y alambrón listos para su uso industrial. La razón es económica desde el punto de vista del interés público.
En el mercado internacional el precio del concentrado de cobre constituye en promedio el 60 % del precio del fino, por lo tanto, cabe imaginar ¿cuánto deja de percibir el Estado en impuestos por concepto de exportaciones mineras valorizadas como concentrados, con precios castigados a nivel internacional?
En el caso del oro en varios artículos hemos denunciado la grave informalidad e ilegalidad en la producción de oro, que en promedio representa un desbalance entre la producción de los volúmenes exportados según la información del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y la producción fiscalizada por el propio Ministerio de Energía y Minas (MINEM) que supera los dos millones de onzas en promedio anual, sin contar la producción que sale de contrabando hacia Bolivia y el Ecuador, que resulta superior a los 2.5 millones de onzas por lo menos.
En el caso del cobre es importante destrabar los proyectos mineros que representan el grueso de las inversiones proyectadas por el MINEM sobre los US $ 54 mil millones de dólares. Respecto del Proyecto de Tía María resulta emblemática la oposición de una parte de la población del Valle del Tambo en Arequipa hacia el proyecto de la SPCC, del grupo de México que retiene el 82 % del capital social. La inversión en dicho proyecto no supera los US $ 1,500 millones de dólares, y en verdad se financia con la utilidad neta de 2024, un año de bonanza para las empresas mineras. Es tan elevada la rentabilidad como la “codicia” capitalista, de pagar lo menos posible en impuestos y salarios.

Es tan extraordinaria la rentabilidad de SPCC, que solamente al mes de setiembre del 2024 la utilidad neta era de US $ 1,173 millones de dólares, y la generación interna de recursos (GIR) que estima la capacidad de generar excedentes (flujo de caja), sumando a las utilidades operativas los valores cargados a costos de depreciación y amortización, que al mes de setiembre del año que termina era equivalente a los US $ 2,071 millones.
Es tan reconocida la “tacañería y codicia” de la SPCC que no ha realizado inversiones sociales significativas, al margen de la imagen corporativa de la empresa de “malas prácticas” en cuanto a la responsabilidad social y en la forma de relacionarse con la población del entorno. Coimeando a dirigentes sociales, en las “famosas lentejas de Jacob” haciendo un indebido lobby.
Viabilizar el proyecto de “Tía María” tendría un efecto gatillo en relación a otras inversiones mineras. Para ello el Estado debe garantizar las mejores prácticas en cuanto a las inversiones sociales, la seguridad ambiental, evitando la posible contaminación de los aires, el uso del agua de mar en las operaciones mineras, garantizar la demanda de empleo local, un mayor “valor de retorno” respecto a las compras locales a la población de un valle empobrecido.
En verdad, el discurso de oposición a las inversiones mineras es propio de una visión de la “izquierda anticapital”, y en general del “populismo económico” irresponsable que se expresa en la falacia: ¡Agua sí, mina no! Con esta posición se condena a la mayoría de peruanos a la pobreza, informalidad, a menores ingresos por concepto de canon y regalías mineras. Esta “izquierda anti capital” apuesta por la redistribución de la riqueza, dejando de lado la importancia de las inversiones privadas en la generación de riqueza para asegurar el crecimiento económico. ¡Debemos hacer crecer la torta para distribuir más en términos sociales!
Sirva de ejemplo lo que hizo la República Popular de China desde 1982 gracias al pragmatismo de sus dirigentes como Deng Xiaoping, atrayendo a los capitales transnacionales, la tecnología capitalista, asegurando la mano de obra local, regulando los salarios, fomentando las exportaciones de manufacturas, para convertir hoy a la China Popular, en la “fábrica de mundo”, constituyéndose en el primer país exportador del orbe con más de 3.2 billones de dólares siendo más del 97 % manufacturas (2023), superando de lejos a los Estados Unidos, Alemania y Japón.

Al respecto la reciente inauguración de la primera etapa del Mega Puerto de Chancay bajo responsabilidad de la empresa estatal china Cosco Shipping Ports Chancay Perú S.A. con una participación del 60 % del capital social y la Mra. Volcan con 40 %, asegura un mayor dinamismo del comercio exterior, un efecto multiplicador en las inversiones de los servicios asociados a las exportaciones hacia el Asia, sobre todo de la China Popular.
Cuando esté terminada la segunda etapa del Megapuerto de Chancay con inversiones superiores a los US $ 3,500 millones de dólares, con una capacidad de movilización de 5.8 millones de toneladas en contenedores de 20 pies, convertirá a la región central del Perú con el puerto del Callao, en el eje del comercio exterior de esta parte del mundo, desplazando a los puertos chilenos de San Antonio, Iquique y Valparaíso a un segundo orden.
Si tenemos presente que la República Popular China es el principal país de destino de las exportaciones tradicionales y no tradicionales de nuestro país, con más del 34 % de participación que no representan ni el 1 % de las importaciones que hace el gigante asiático al mundo, demostrando las infinitas posibilidades de exportación que tendría nuestro país. En especial, en las exportaciones de frutas que han transitado de un valor de US $ 89 millones en el 2002 para sumar los US $ 5,692 millones de dólares en el 2023 gracias a un marco promotor de parte del Estado hacia las empresas privadas. Solamente al mes de setiembre del 2024 las exportaciones de frutas arribaron a los US $ 4,703 millones lo que significaba el 57 % del total de las exportaciones agrícolas no tradicionales.
HIDROCARBUROS
Otro factor favorable para la economía peruana son los relativamente bajos precios internacionales del petróleo, sobre todo considerando los conflictos en el Medio Oriente con la agresión y genocidio del Estado de Israel al pueblo palestino de Gaza, en una zona altamente sensible con Irán importante productor de crudo con más de 3 millones de barriles diarios, que lanzó cientos de misiles atravesando, hace menos de tres meses, el cielo de Arabia Saudita que produce más de 9 millones de barriles diarios.
En el mismo sentido, a pesar de la guerra entre Rusia y Ucrania que dura desde febrero de 2022 a la fecha el precio internacional del petróleo no se ha disparado por encima de los US $ 100 dólares el barril en el año que termina. Con un valor menor a los US $ 75 dólares el barril, es un factor que favorece a los consumidores y empresas del país.
En verdad, si se tiene presente que el mercado interno de combustibles se satisface con 260 mil barriles diarios, y la producción interna de crudo no supera los 40 mil barriles diarios, podemos tener la película completa sobre la gravedad del asunto. Un shock externo del precio del petróleo agravaría la caja fiscal, en el sentido que el Estado subsidia el precio interno de los combustibles por medio del “Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles”.
Si se tiene presente que desde 2004, cuando se estableció el Fondo de Estabilización al año 2023 como un mecanismo regulador de los precios, el Estado ha tenido que financiar por más de 18 mil millones de soles transfiriendo riqueza a las empresas refineras e importadoras de combustibles como Repsol, Valero, Exxon/ Mobil, Pluspetrol, Solgás entre otras.
En resumen, para el 2025 de mantenerse las tendencias externas favorables en cuanto a los precios altos de los minerales y relativamente bajos del petróleo, el crecimiento económico del Perú dependerá sobre todo de los factores internos asociados a la débil institucionalidad y representación política, más aún cuando la presidenta Sra. Dina Boluarte se convierta en un fardo pesado para los grupos que controlan el Congreso de la República, donde existe con meridiana claridad una tácita concertación de las fuerzas oscuras de la derecha con la izquierda cerronista.
Diario Uno, 28.12.2024
