Jorge Manco Zaconetti, Investigador UNMSM
En la mitad del siglo XIX un viajero francés escribía que la desértica costa peruana se parecía a una “Venus del Milo”, una bella escultura de una diosa griega, a la cual le faltaban dos brazos, “agua y mano de obra”.
La falta de trabajadores en la costa se resolvió con el fomento de la inmigración china en condiciones de servidumbre, y sobreexplotación en las islas guaneras, realidad que marcó el modelo extractivista en la naciente república; con una riqueza falaz como diría el historiador sanmarquino Jorge Basadre, que fue despilfarrada, y el estado peruano resultó tan endeudado que no habían recursos fiscales para financiar la guerra que nos declaró nuestro vecino del sur en abril de 1879, sediento de las riquezas de nuestro país, con el apoyo de la Inglaterra imperial.
El líquido elemento siempre fue escaso y valioso en la costa, concentrado en manos de las grandes haciendas a costa de la pequeña y mediana agricultura de los valles que eran oasis en medio del desierto. Recién durante la dictadura de Augusto B. Leguía (1919/1930) el estado impone la titularidad sobre el agua, con el reconocimiento de la “Junta de Regantes” y un mínimo pago por el consumo del agua, sin resolver los problemas de fondo, sobre la concentración de tierras en la costa para favorecer la exportación del azúcar y algodón, a costa de la producción de alimentos de los pequeños productores para satisfacer las necesidades de la creciente población urbana.

Las reformas estructurales de la Junta Militar de Gobierno del general Juan Velasco Alvarado, sobre todo la Reforma Agraria iniciada un 24 de junio de 1969, no resolvió los graves problemas de la agricultura peruana en relación con la concentración, baja productividad de las propiedades terratenientes en la sierra andina, sino que también afectó los modernos complejos agroexportadores sobre todo de la costa norte, con el establecimiento de cooperativas, que fueron un fracaso desde el punto de vista económico, por la falta de inversiones y apoyo técnico.
Al margen de una expropiación del capital a una “oligarquía” que se empobreció en el largo plazo. Con las excepciones de los propietarios que supieron aprovechar la oportunidad de convertir los bonos de la deuda agraria en inversiones industriales con capitales frescos.
Sin embargo, desde el punto de vista político y social fue una reforma positiva para disminuir las tensiones y presiones de los trabajadores del campo sobre todo en las comunidades andinas del sur peruano, que luchaban contra la servidumbre y otras formas de opresión propios de la herencia colonial, como las mitas, el trabajo gratuito, que han sido retratadas en la obra de José María Arguedas, desde los “Ríos Profundos” y “Todas las Sangres” entre las principales.
A pesar de todos los cuestionamientos a la Reforma Agraria de Velasco se transfirieron a los trabajadores del campo, y comunidades andinas casi seis millones de hectáreas, mientras las reformas anteriores llevadas a cabo durante los gobiernos de 1959 a 1968 solamente transfirieron menos de 300 mil hectáreas, previo pago por parte del estado peruano.

En verdad, la difusión del minifundio, el empobrecimiento de la población campesina sobre todo andina, los bajos precios pagados a la producción de alimentos ligados al mercado interno, donde se pagaban diez centavos de sol por un kilo de papa por ejemplo, ha sido una realidad hasta ahora, donde la producción interna no tiene un mayor apoyo de parte del estado, como sí ha sido el caso de la producción agrícola para la exportación sobre todo, a partir de la ley N.º 27360 denominada “Ley de Promoción del Sector Agrario”, o conocida también como la “ley Chlimper”, norma que se aprobó en la agonía del fujimorismo (2000) con una vigencia de veinte años, la misma que ha sido una ley positiva en razón del marco promotor como el pago de la tasa 15 % del impuesto a la renta mientras el régimen general abona el 29,5%, pero sobre todo por la transferencia de las grandes irrigaciones financiadas por el Estado y privatizadas a precios de ocasión con el fujimorismo y los gobiernos democráticos
posteriores.
EL MILAGRO
En 2001 las agroexportaciones no tradicionales constituidas sobre todo por las legumbres y frutas no superaban los US $ 600 millones de dólares, en 2024 han superado los US $ 11,151 millones de dólares, en especial en el rubro de las frutas 6,680 millones y el rubro del té, café, cacao y esencias con US $ 1,574 millones.
Si este modelo exportador ha sido exitoso en la creación de riqueza debe seguir siendo promovida por el Estado, pues mayores son los beneficios que el costo fiscal, tal como lo propone el proyecto de ley “Transformación Productiva, Competitiva y Sostenible del Sector Agrario con Protección Social hacia la Agricultura Moderna” ara el período 2025/2035.

Las agroexportaciones, que en 2024 han superado los US $ 11,151 millones, en el primer trimestre de 2025 las exportaciones no tradicionales agrícolas han aumentado en un 40 % en comparación a un período similar de 2024.
Según la exposición del exministro de Economía y Finanzas, Eco. José Salardi en su presentación ante el ongreso de la República en marzo pasado, sostenía que el Perú ocupaba en el año 2023, según el ranking mundial de exportaciones agrícolas, el primer lugar en la producción de arándanos, uvas, espárragos, quinua; el 3.º lugar en la producción de paltas y un 5.º lugar en los mangos.
En verdad, la estrella en las exportaciones agrícolas no tradicionales son los arándanos rojos y los frutos del género vaccinium con un valor de US $ 2,252 millones de dólares en 2024, superando de lejos los US $ 1,672 millones alcanzados durante 2023.
En términos de volumen las exportaciones de arándanos en 2024 alcanzaron las 325,621 toneladas, todo un récord, superando la producción de los años anteriores, en especial de 2022, que tuvo el nivel de 275,662 toneladas, según la Nota Tributaria de SUNATADUANAS.
Se tiene que reconocer que el principal mercado para los arándanos en 2024 son los Estados Unidos de Norteamérica, con una participación de 55.4%, seguida por los Países Bajos con una cuota del 21 %, seguido por Hong Kong con el 8.7%, el Reino Unido con una participación del 4.8% y la República Popular China con un 4.7 %.

Con la puesta en marcha del Megapuerto de Chancay y el acortamiento del tiempo de viaje de los productos de exportación hacia el Asia, en especial hacia la República Popular China, las posibilidades de nuevos mercados y de una mayor exportación constituye una posibilidad real, que compensaría nuestra fuerte dependencia del mercado norteamericano.
Se debe tener presente que las exportaciones hacia los Estados Unidos están conformadas principalmente por productos agrícolas, textiles, y en general por mercancías con un mayor grado de elaboración.
Así, de un total del valor de exportaciones de US $ 9,478 millones de dólares en 2024 hacia el mercado norteamericano, el 22 % de las mismas estaban constituidas por arándanos (US $ 1,246 millones), uvas (US $ 850 millones), seguidos por el café, espárragos, paltas, mandarinas, mangos. En verdad, dichos productos se han favorecido de un marco promotor del Estado peruano y de un aprovechamiento del Tratado Libre Comercio firmado con los Estados Unidos que entró en vigencia en el 2009, acuerdo que dicho sea de paso está siendo cuestionado por la política económica proteccionista del presidente Trump.
En 2024 los precios promedio de las exportaciones de arándanos puesto en puerto, sin considerar fletes y seguros entre otros, fueron atractivos pues tenían niveles de US $ 7.75 dólares el kilo, y en los primeros tres meses del 2025 superan los US $ 6 el kilo expresa la rentabilidad de una actividad agroexportadora que genera divisas, riqueza y sobre todo empleo, donde se deben mejorar las condiciones de trabajo y salariales.
Diario Uno, 31.05.2025

1 comentario
Los acopiadores son ESTAFADORES, deben y pagan poco a productores y ellos revenden a importadores de europa, eso pasa en mango, en banano.