Jorge Manco Zaconetti
El Nobel de economía en 2024, el economista británico James Robinson, estuvo en Lima la semana que termina, invitado por el empresariado en el evento “Cumbre Perú Sostenible 2025”, donde reafirmó las tesis sostenidas en el clásico libro, redactado conjuntamente con el profesor Daron Acemoglu, ¿Por qué Fracasan los Países”; en especial las referidas a la vigencia de instituciones políticas y económicas extractivistas, en el sentido que una minoría, una elite, un grupo privilegiado se beneficia del crecimiento económico y de la mayor riqueza generada en un país como el Perú. Por ello estamos condenados al atraso y pobreza de las mayorías a pesar de la abundancia en recursos naturales.
Así, sostenía que “Todo ese oro y cobre no generará una verdadera prosperidad sin mejoras institucionales”. “Tener recursos naturales no es necesario ni suficiente. Lo que hace rico a un país son las personas, la educación”. Así, ponía como ejemplo los casos de Taiwán y Corea del Sur que sin grandes recursos lograron alcanzar la prosperidad mediante la educación, la innovación y una gestión institucional eficiente”.
Al margen de estas opiniones en el sentido que tanto Taiwán y Corea del Sur por razones geopolíticas tuvieron un gran apoyo financiero de los organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial etc.), de los grandes capitales del Occidente en la lucha de contención contra la expansión de los modelos socialistas que en su momento encarnó la República Popular China entre los años 1950/1980, con la expansión del comunismo en el Asia.

Sirvan de ejemplos los casos de la guerra entre las dos Coreas en los inicios de los años cincuenta del siglo pasado, que enfrentó por primera vez a las tropas norteamericanas dirigidas por el general Douglas Mac Arthur contra los ejércitos de la China Popular; como también la guerra de liberación de Vietnam contra Francia colonialista primero y luego contra las tropas de los Estados Unidos, que resultaron en sendas derrotas del imperialismo norteamericano.
Por ello tanto Taiwán como Corea del Sur países sin recursos naturales como fue también el mismo caso del Japón, que fue el primer país asiático en alcanzar la industrialización hacia los años 1870 con reformas institucionales que dieron termino a las relaciones feudales, al poder de los señores de la guerra con sus samuráis. Con la centralización del poder del Estado, reformas agrarias, un proceso acelerado de modernización que se demostró en la victoria del Japón Imperial con el decadente imperio zarista de Rusia en la guerra del 1904/1905.
En el caso de la economía peruana, el laureado economista Robinson reconoce que la minería es el motor de la economía peruana como hemos venido informando siempre desde esta columna. Es el sector más importante, no solamente por generar más del 60 % de los ingresos de exportación, es decir las divisas que se transforman en los ingresos y utilidades de las empresas mineras que básicamente en el cobre, hierro, zinc, plata, molibdeno están controladas por empresas privadas transnacionales. Ello significa que las decisiones de inversión, innovación tecnológica se adoptan en las casas matrices del exterior, maximizando la renta minera, es decir, las utilidades a costa de los menores salarios, mínimo costos ambientales y una débil contribución fiscal.

El caso de la producción aurífera es especial por la presencia cada vez más gravitante de la minería informal e ilegal que involucra a más de 400 mil trabajadores que con la figura de la minería artesanal y pequeña minería, en el año que termina será responsable de más del 50 % de la producción aurífera del país, que de lejos supera los 7 millones de onzas troy.
RENTABILIDAD EXTRAORDINARIA
En verdad resulta importante reconocer las ideas fuerza de los economistas como James Robinson, Daron Acemoglu, Joseph Stiglitz todos reconocidos con el premio Nobel de Economía, por la relevancia de las instituciones políticas y económicas inclusivas para alcanzar la prosperidad y el bienestar colectivo.
Así, en James Robinson en sus declaraciones al diario El Comercio el lunes 27 de octubre suscribía que “ la minería—-motor económico del Perú— solo podrá onvertirse en un pilar de prosperidad si el país logra fortalecer su institucionalidad y construir una vida colectiva que transforme la riqueza minera en desarrollo humano sustentable”.
En verdad, si los titulares de las concesiones mineras, en su gran mayoría son las grandes empresas transnacionales, cabe preguntarse si estarán interesadas en participar en la construcción de instituciones políticas y económicas inclusivas, si la realidad concreta les permite grandes márgenes de utilidad, con un Estado capturado por grupos de interés, hasta cierto punto mafiosos desde el Congreso de la República pasando por las instituciones tutelares del país como las fuerzas armadas y policiales, transitando por la fiscalía, poder judicial, y el mismo poder ejecutivo con presidentes con reconocidas prácticas corruptas.

Así, la gran renta minera que no la obtienen en sus países de origen, no es compartida con la población local del entorno minero, ni con sus propios trabajadores, con aumentos salariales que no guardan proporción con la riqueza generada. Es más, si el Estado peruano percibe solamente US$ 3 dólares por hectárea por los llamados “derechos de vigencia” en la gran y mediana minería, lo que les permite a las grandes, medianas empresas mineras retener la propiedad sobre los recursos mineros prácticamente de manera indefinida. ¡Estamos ante un modelo duro de extractivismo refractario al cambio!
Sirva de ejemplo el indicador económico de la “Generación Interna de Recursos” (GIR), que estima la utilidad operativa de las principales empresas mineras, sumada a los montos de depreciación y amortizaciones que son recuperaciones de las inversiones mineras, todo ello dividido entre los ingresos por ventas. La importancia de las depreciaciones y amortizaciones es tal que se cargan a los costos de ventas pero no significan salida de capital en la empresa, y forman parte del excedente económico.
La Generación Interna de Recursos es el indicador más completo para estimar la real rentabilidad de una empresa, pues mide la generación del flujo de caja en un período determinado. Así, para el año 2024 por ejemplo la transnacional mexicana que controla la Southern Perú Copper Corporation (SPCC) tiene una rentabilidad del 60 %; la Minera Cerro Verde con declaradas posiciones antisindicales tiene una rentabilidad del 49%; la empresa estatal china Shougang Hierro Perú que trata a su trabajadores como modernos “coolies”, tiene una rentabilidad de 58%; por último la minera Minsur del grupo peruano Brescia, que explota el estaño en sus minas de Puno, tiene una rentabilidad del 55%.
Esto como una muestra, pues la lista sería larga. De allí la necesidad de un “Proyecto Nacional de Desarrollo” producto de un gran acuerdo social que apueste por la industrialización de los productos mineros, con políticas de un mayor valor agregado, y claro está una justa distribución de la riqueza minera, de la renta minera con la población del entorno, los trabajadores y una mayor participación fiscal, sin tantos beneficios tributarios.
Diario Uno, 01.11.2025
