Jorge Manco Zaconetti*
La trayectoria y muerte del “Pepe Mujica”, expresidente de la República Oriental del Uruguay, debiera servir para repensar lo que significa ser socialista, un luchador social identificado con los intereses de los trabajadores y de los más pobres no solamente de su país, uno de los mejor ubicados en América Latina, puesto 52.º según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 2022 después de Chile, 44.º, y Argentina 48.º, sino con los “humillados y ofendidos del mundo”.
Hombre de principios y consecuencia siendo presidente de su país por el “Frente Amplio” y luego senador, donaba la mayor parte de remuneración para las instituciones de servicio social. Conocido por un desprendimiento por las cosas materiales, manejaba un viejo Volkswagen (carro del pueblo), tipo escarbajo con más de cincuenta años de antigüedad, y alguna vez un jeque árabe le ofreció pagarle US $ 10 millones de dólares por el vehículo. Contra toda lógica de mercado, el “Pepe Mujica” declinó la generosa oferta, de un millonario jeque enriquecido por la explotación petrolera, por razones de principios.
Otra historia que me llamó la atención estuvo relacionada con la visita de un periodista español a su modesta finca cerca de Montevideo, propio de una clase media empobrecida del campo. Entrando en su sala había un cuadro de uno de los empresarios capitalistas más ricos del Uruguay, algo parecido a un Dionisio Romero Seminario en riqueza. Sorprendido, el periodista le preguntó ¿por qué tenía dicho cuadro en su sala si usted es un socialista? La sabia respuesta del Pepe Mujica fue: Este señor es mi amigo, es más a los empresarios hay que dejarlos trabajar, ellos saben hacer riqueza, que inviertan. Nosotros como gobierno y socialistas redistribuimos la riqueza, es nuestro trabajo y responsabilidad.

Este es el símbolo de la madurez socialista, pues el Pepe Mujica había sido guerrillero en la década de los setenta del siglo pasado. Se había enfrentado en más de tres ocasiones con las fuerzas policiales y militares del Uruguay, y tenía en su cuerpo las huellas de nueve balazos. Por ello, fue torturado, sometido a un aislamiento inhumano y purgó 13 años de carcelería.
Cuando fue declarado en libertad, reconstruyó su vida y apostó por la lucha partidaria en democracia para alcanzar ser gobierno, luego de un trabajo de concertación de las diversas fuerzas de izquierda del Uruguay, que se nuclearon en el Frente Amplio, y hoy el presidente de dicho país pertenece a dicho colectivo político, y es una tercera fuerza frente a los tradicionales partidos de liberales y colorados.
Lo que me llamó la atención es que no guardaba rencor ni odio alguno por las torturas recibidas. Hay que vivir la vida, decía a los jóvenes en sus conversaciones, y mirar siempre adelante. Construir antes que destruir, apostar por la creación de la riqueza en un país pequeño como el Uruguay, que tiene una tradición ganadera y también en la producción de cereales.
LA IZQUIERDA ANTIINVERSIÓN
Esto me hace recordar mis reuniones con el Mayor en Retiro del Ejército Peruano Antauro Humala, que tiene un discurso de odio y resentimiento que hace difícil la concertación y el diálogo social para formar un Frente Nacional Democrático. No solamente por que quiere fusilar a los corruptos, sobre todo a los expresidentes del país, y a todos los comprometidos con la megacorrupción de Odebrecht, y los llamados “Cuellos Blancos” sin respetar el debido proceso judicial. También no acepta las diferencias o preferencias sexuales, a los cuales denomina “perversiones y mariconadas”, con un pensamiento retrógrado en términos sociales.
Sin embargo, nuestra mutua admiración por el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado, y las medidas inclusivas en términos económicos y políticos que se realizaron en su gobierno (1968/1975) en especial la “Reforma Agraria y la Nacionalización del Petróleo”, no son suficientes para compartir su programa de gobierno, tanto en el plano económico como político.

Con una carcelería de 17 años, y dos balazos producto de la guerra contra Sendero Luminoso, el Mayor en retiro, Antauro Humala en términos andinos sería un Auca, un guerrero, un destructor, aunque algunos acólitos lo identificaban en el colmo de la sobonería como la reencarnación del mito Inkarri, es decir, que significaría la resurrección del Inka descuartizado por los españoles, un mito que subsiste en la mentalidad de las poblaciones andinas, sobre todo del sur peruano, el cual anuncia un Pacchacuti, un cambio radical de 360º.
En verdad, su discurso y programa de nacionalización de la gran minería sobre todo del cobre resulta fuera de la historia, donde tenemos que competir con otros países para atraer inversiones; la expropiación y nacionalización de los yacimientos de Camisea que están en su etapa de declinación de reservas probadas, para supuestamente masificar el gas natural a nivel país, sería un gran servicio para las transnacionales tipo Shell, Repsol, Hunt Oil que denunciarían al Estado peruano con millonarias demandas; la expropiación de las tierras y empresas agroexportadoras que han tenido un crecimiento espectacular entre el 2001 al 2024, para supuestamente priorizar el mercado interno de alimentos ante la pobreza de más del 30 % de la población peruana, sería un remedio peor que la enfermedad, poniendo en riesgo más de 800 mil empleos sobre todo en la costa.
Estas son algunas de sus ideas que como economista e investigador no comparto, y sostengo una posición contraria a tales desatinos, que están fuera de época, pues el “Muro de Berlín” se ha derrumbado, la antigua URSS se ha disuelto en 16 estados siendo el más importante la Federación Rusa de Putin, que desarrolla un capitalismo de estado, con políticas de mercado que han fortalecido al estado ruso, a pesar de las sanciones impuestas desde 2022 por los países de la Europa Occidental y sobre todo de la potencia decadente de los Estados Unidos de Norteamérica.

De otro lado, tenemos a la República Popular China, que con las reformas políticas, sociales y económicas de los años ochenta del siglo pasado se ha convertido en la segunda potencia económica a nivel mundial. Es más, en la presente coyuntura se verifica una grave dependencia de la economía norteamericana en relación con la economía china; pues mientras el gigante asiático exporta bienes manufacturados, donde más del 93 % de sus exportaciones llegan al Resto del Mundo; para la China Popular el mercado USA solamente representa el 13 %, del total de sus exportaciones, obteniendo miles de millones de dólares de superávits comerciales desde que el gigante asiático fue admitido en la Organización Mundial del Comercio (OMC) gracias a los auspicios de los USA en el 2001.
En tal sentido, identificarse con el pensamiento socialista está lejos de las políticas de expropiación o nacionalización de las empresas privadas, sean nacionales o transnacionales para fortalecer el Estado empresario. Se trata de promover la inversión privada como diría el Pepe Mujica. Crear y multiplicar la riqueza lo cual supone mayores inversiones con la necesaria seguridad jurídica, y luego vendría una redistribución más equitativa de la riqueza entre las clases trabajadoras, con un Estado que tenga una mayor participación en la renta generada, con una presión tributaria en relación al valor de la producción que permita satisfacer las necesidades sociales de una educación y salud de calidad, y sobre todo garantizar una seguridad ciudadana, tanto en Lima como en las provincias, donde la violencia se ha desbordado como sería el caso de Pataz, gracias a la minería ilegal e informal del oro.
*Investigador UNMSM
Diario Uno, 24.05.2025
