Jorge Manco Zaconetti
En nuestra historia el ilustre profesor sanmarquino Jorge Basadre acuñó la frase de ser el “país de las oportunidades perdidas”, por ello es importante rescatar la historia de las instituciones como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y sus facultades como la de Ciencias Económicas.
Es un común decir, que nuestra universidad es más vieja que la misma república pues su acta de fundación data desde el 12 de mayo de 1551, pero poco se sabe de la génesis de la facultad de Ciencias Económicas que de acuerdo a los vientos de la modernización estatal del proyecto civilista de don Manuel Pardo y Lavalle, se crea como facultad de “Ciencias Políticas y Administrativas” un 7 de abril de 1875 como una escisión de la vieja facultad de Derecho, donde por vez primera se enseñan los cursos de economía política y de finanzas públicas, ante la necesidad de sanear los recursos fiscales los cuales fueron despilfarrados, endeudando al país luego de la prosperidad falaz de la riqueza guanera, que favoreció a una minoría privilegiada.
En su creación a la Facultad de Ciencias Económicas se le encargó su organización y fue su primer decano el ciudadano francés Dr. Pablo Pradier Foderé, profesor de la Universidad de París, y discípulo de Jean Bautiste Say, célebre autor de la famosa ley de mercados y divulgador de las teoría de Adam Smith, ley que fundamenta el equilibrio neoclásico que al decir del economista argentino Raúl Prebish, promotor del pensamiento cepaliano y crítico de las tesis liberales desde los años cincuenta del siglo pasado, señalando que fueron las fuerzas desatadas del libre mercado las que llevaron a la crisis general del capitalismo y a la gran depresión de los años treinta siglo del pasado, con millones de desempleados.
La importancia de recordar la historia y la necesidad de contrastar las teorías con la realidad adquiere la mayor vigencia en los tiempos presentes, cuando el imperio decadente de los Estados Unidos de Norteamérica está al borde de una recesión económica, con indicadores negativos como un creciente déficit comercial, una impagable deuda pública, una pérdida de competitividad de su industria que con el gobierno Donald Trump se espera superar con medidas proteccionistas como la imposición de aranceles en especial a los productos provenientes de la potencia emergente asiática: la República Popular China.
La “Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas” tuvo como objetivo principal, preparar a los alumnos para desempeñar funciones en la Administración Pública, la diplomacia, y las finanzas públicas ante la mayor presencia del Estado. Se debe recordar que fue durante el gobierno civilista y liberal de Manuel Pardo que se establece la empresa estatal del salitre en Tarapacá como un monopolio para enfrentar la rapacidad de los capitales ingleses y chilenos que explotaban abusivamente las salitreras bolivianas de Antofagasta.
El acta de fundación de nuestra facultad un 7 de abril de 1875 coincide con los años previos a la “Guerra del Guano y Salitre”, y los estudios fueron interrumpidos por la declaración de la guerra el 5 de abril de 1879 que nos hace nuestro vecino del sur; donde nuestra Universidad, con el rector de ese entonces, decanos de diversas facultades como el mencionado Pradier de Foderé, profesores y estudiantes estuvieron en los parapetos y trincheras de San Juan y Miraflores el 13 y 15 de noviembre de 1881 en la llamada segunda división del Ejército de la Reserva de Lima, para defender el honor nacional ante la agresión del ejército chileno y gobierno chileno, sediento de las riquezas naturales que fueron la desgracia del Perú.
Nuestra Universidad y Facultad en especial, con sus profesores en un acto de civismo y desprendimiento donaron el 25% de sus magros sueldos para la defensa nacional. Y nuestros estudiantes muchos de ellos ofrendaron sus vidas en la Defensa de Lima y algunos participaron en la “Campaña de la Breña con el Brujo de Los Andes”, nuestro mariscal Andrés A. Cáceres.
LOS CAMBIOS
Con el tiempo al variar las condiciones, sociales, económicas, políticas y el concepto de enseñanza, a la par que el reconocimiento de la importancia de las materias económicas, estadísticas, contables se cambió el nombre de la Facultad por el de “Facultad de Ciencias Políticas y Económicas” en 1920. Más tarde, durante el “Oncenio” del gobierno del Presidente Augusto B. Leguía y por medio del nuevo Estatuto Universitario, Ley 6041 del 19 de mayo de 1928, se modificó nuevamente el nombre, llamándose “Facultad de Ciencias Económicas”.
En su origen, la creación de la Facultad de Ciencias Económicas es el producto necesario de una serie de factores que se manifiestan en forma conjugada, durante la segunda década del siglo XX. En primer término, es la expresión de la modernización del Estado, producto a su vez de la expansión capitalista que, al insertarse en sociedades de corte semifeudal, que adoptó desde fines del siglo XIX, el carácter de “enclaves económicos”, donde la racionalidad está marcada por la articulación del capital extranjero y la economía terrateniente.
Por ello, cuando se estudia la revista de la facultad de Ciencias Económicas y la producción de sus primeros profesores destaca la crítica a la producción primario exportadora, a los contratos de la Brea y Pariñas con el laudo con la IPC, y la aspiración de la recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales, más la crítica situación fiscal con los problemas de los déficits públicos.
Además, las nuevas funciones del Estado, los nuevos problemas sociales producto de la emergencia de los sectores populares expresadas posteriormente en el APRA y el Partido Comunista (PC), las consecuencias provenientes del fin de la Primera Guerra Mundial y la inestabilidad monetaria, entre otras cuestiones, requerían de la Universidad un cambio en la formación académica. Se necesitaban profesionales con conocimientos de economía, contabilidad, finanzas, administración.
En segundo lugar, la creación de la facultad se explica también por la demanda y reivindicaciones estudiantiles —de sectores medios emergentes, provincianos y urbanos, producto de la Reforma Universitaria (1919)—, que aspiraban a una educación científica-moderna, acorde a las nuevas necesidades de la sociedad, y como respuesta también a la emergencia social que sólo la educación universitaria consagraba en una sociedad oligárquica y estamental, con serias limitaciones en la movilización y ascenso social.
Por último, un tercer elemento estaría ligado al surgimiento del pensamiento socialista. Tal vez sea J.C. Mariátegui quien haya percibido con más nitidez que otros la necesidad de pensar la historia de manera diferente a la tradicional. Es decir, el imperativo de hacer la historia entendida como procesal, dialéctica, social, donde las mayorías sociales se expresan. Así Mariátegui escribía hacia 1925: “No es posible comprender la realidad peruana sin buscar y sin mirar el hecho económico. La nueva generación no lo sabe, tal vez de un modo muy exacto. Pero lo siente de un modo muy enérgico. Se da cuenta de que el problema fundamental del Perú, que es del indio y de la tierra, es ante todo un problema de la economía peruana”.
Este es el contexto que explica la presencia de nuestra facultad en las primeras décadas del siglo pasado. Una cuestión que merece destacarse es la participación de profesores tales como J.M. Manzanilla, Emilio Romero, C.A. Ugarte, Bruno Moll, Erasmo Roca, Virgilio Roel, entre otros es la actualidad de sus conocimientos en relación con el desarrollo de la ciencia de la época.
En lo fundamental la estructura curricular de 1928 se mantuvo hasta muy avanzada la década de 1940. Es cierto que hay cambios no solamente dejando la vieja Casona del Parque Universitario; cambios producto del aumento estudiantil que obliga al desdoblamiento de cursos, modificaciones que obedecen a la dinámica política estudiantil, profesional, etc., pero en lo central existe una continuidad.
La misma que se fractura hacia inicios de los años sesenta cuando ante el influjo de las teorías cepalianas, del desarrollismo y la necesidad de reformas económicas auspiciadas por los organismos multilaterales como FMI-BM que implicaban reformas estructurales con una mayor intervención del Estado, y la aplicación del modelo de sustitución de importaciones en el proceso de industrialización que llegó a su máxima expresión con el gobierno militar de 1968/1980; bajo esas circunstancias es que la antigua Facultad de Ciencias Económicas se transforma en las facultades de administración, facultad de ciencias contables y ciencias económicas con cuerpos docentes y administrativos diferenciados.
Por las aulas de la Facultad de Ciencias Económicas en sus 150 años han transitado presidentes de la República, ministros de Estado, congresistas, alcaldes, empresarios de éxito, decanos de colegio de economistas, funcionarios internacionales, profesores visitantes reconocidos, directores de empresas, funcionarios públicos, líderes de opinión, profesionales exitosos, docentes universitarios en varias universidades públicas y privadas del país, como prueba de la trascendencia y utilidad social de nuestra facultad.
Diario Uno, 05.04.2025
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