Jhon Valdiglesias Oviedo*
En los últimos años, el aumento de las exportaciones de Perú, especialmente en minerales y productos agroindustriales, ha estado impulsado en gran medida por la creciente demanda de China. Sin embargo, el régimen chino ha expresado su preocupación por la disminución de su población, tendencia que se ha mantenido por tercer año consecutivo. Esta reducción poblacional podría generar una desaceleración en la demanda interna en China, lo cual tendría un impacto directo en los exportadores peruanos, ya que podrían enfrentar una menor demanda de sus productos en el mercado chino, afectando potencialmente las relaciones comerciales y los ingresos por exportación. Este cambio demográfico representa un desafío para las economías dependientes de la demanda china, como la peruana, y pone de relieve la necesidad de diversificar los mercados y productos exportables.
El régimen chino ha implementado una serie de medidas para relajar la estricta política del hijo único, buscando incentivar el aumento de la natalidad en el país. Entre estas acciones, se incluyen beneficios fiscales, subsidios y una mayor flexibilidad en las regulaciones sobre la cantidad de hijos permitidos por familia. Sin embargo, la respuesta de la población joven china ha sido escéptica, ya que muchos no están dispuestos a tener más de un hijo debido a los altos costos de vida, la educación y la atención médica, lo que convierte a la crianza de más de un niño en un desafío económico significativo. Esta falta de disposición para aumentar la tasa de natalidad plantea dudas sobre la efectividad de las políticas del régimen, lo que podría implicar que, hasta el momento, no se esperen grandes cambios en la estructura demográfica del país a pesar de los esfuerzos implementados.
La desaceleración económica de China, impulsada por la disminución de la proporción de la población en edad de trabajar y el aumento de la población envejecida que depende de pensiones y sistemas de seguridad social, está generando efectos negativos a nivel global. A medida que la fuerza laboral activa disminuye, el crecimiento potencial de la economía china se ve afectado, ya que una menor cantidad de trabajadores productivos significa una menor capacidad para generar ingresos y mantener el ritmo de crecimiento anterior. Este fenómeno, combinado con una creciente población de ancianos que requiere asistencia social, crea presiones fiscales y limita las posibilidades de expansión económica. Dado que China ha sido un motor clave de crecimiento a nivel mundial, su desaceleración impacta directamente en las economías globales, ralentizando el comercio internacional, la inversión y la demanda de bienes y servicios, lo que podría resultar en una desaceleración económica generalizada.
En Perú, es crucial tomar medidas para enfrentar los choques externos que afectan nuestra economía, como las fluctuaciones en los precios de los productos básicos o las crisis globales. A la par, es indispensable reducir nuestra dependencia de los factores externos y fortalecer nuestra resiliencia económica interna. Esta situación también representa una oportunidad para diversificar nuestra oferta de bienes exportados, de modo que no dependamos únicamente de unos pocos productos, sino que ampliemos las opciones disponibles en el mercado internacional. Si bien el aumento de la demanda global ha sido positivo, también ha generado riesgos relacionados con la concentración de nuestras exportaciones en ciertos mercados, lo que puede hacernos vulnerables ante cambios en la demanda mundial. Es importante que tomemos conciencia de estos riesgos y trabajemos en políticas que fomenten una mayor diversidad productiva y de destinos, lo que permitirá a Perú aprovechar las oportunidades globales de manera más sostenible y equilibrada.
*Doctor en Economía, UIBE Beijing; Master en Estudios Asiáticos, NCCU, Taiwán;
Economista por la UNMSM, Lima
