Por Herbert Mujica Rojas
El gasoducto-estafa de Camisea falla constantemente, contamina el medio ambiente, mata especies en ríos y campos, constituye un grave peligro para el cual se improvisa una empresa de origen germano y sobre la que hay pocos antecedentes y a ésta se confía una auditoría que necesita de verdades y no maquillajes. Pero el Congreso es ajeno al asunto.
En Tacna, pocas semanas atrás, la policía peruana parecía custodiar lo que los chilenos dicen son los límites territoriales de ellos con Perú, en el Hito No. 1, y en el Congreso no hay expresión inteligente de un análisis geopolítico real, firme, valiente, sin quintacolumnismos y traiciones. ¡Peor aún, se celebra el no “inquietar” a los vecinos del sur! ¡Cómo si Perú y no Chile hubiera invadido y zurrado sus reales sobre el genuino límite en Concordia como lo previó y estableció el Tratado de Lima y su Protocolo Complementario del 3 de junio de 1929! Pero ¡por supuesto, todo este bagaje de conocimientos es materia extraña a los inquilinos del Congreso!
Canchaya, hay que decirlo, sólo ha sido pan y circo para las fieras. Nada más.
