Por Alfredo Palacios Dongo
Entre los días 7 y 18 de este mes se llevará a cabo la XV Cumbre Climática Mundial en la ciudad de Copenhague, Dinamarca, a fin de fijar un marco que reemplace al Protocolo de Kyoto de 1997 para combatir el calentamiento global reduciendo la emisión de los gases de efecto invernadero más duraderos en la atmósfera (dióxido de carbono, metano y óxido nitroso).
Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), si la temperatura de la superficie terrestre a fines de este siglo aumentara 4 a 5 °C se elevaría el nivel de los mares en medio metro, inundando regiones costeras y muchas metrópolis del mundo, mientras sequías y desertificación azotarían a un tercio del planeta y gran parte de las aguas subterráneas se volvería salobres; del 40% a 70% de las especies del mundo quedarían en riesgo de extinción. En Sudamérica se reduciría entre 15% y 20% la disponibilidad de agua y desaparecerían los glaciares y recursos hídricos.
En el caso del Perú, a pesar que emite menos del 1% de gases contaminantes, es uno de los ocho países más vulnerables del mundo a este fenómeno y ya sufre sus graves efectos. En los últimos 35 años nuestros glaciares —que cubren el 71% del total de la región andina y son gestores de la vida de los ríos amazónicos— se han reducido en 22%, equivalente a la pérdida de unos 7 mil millones de metros cúbicos de agua.
Así, en este contexto en que nuestra actuación en la cumbre debe ser propositiva es inexplicable la inasistencia del presidente Alan García. Debemos instar a los países desarrollados a que asuman sus responsabilidades históricas de reducir significativamente sus emisiones e indemnizarnos con transferencia tecnológica y recursos económicos anuales no reembolsables para la adaptación y mitigación de nuestro país a los graves efectos de este fenómeno climático.
Planteamientos, Expreso, 05.12.09
