por Herbert Mujica Rojas
Conviene preguntar de frente y sin ambages tartufos: ¿tan bajo estamos cayendo como Estado que se ha perdido todo referente a una estructura valorativa de autoestima? Cohonestar, vía la figura de una criatura, las resbalosas aventuras paternas y maternas, lo que a todas luces es una irresponsabilidad, pone a la sociedad, compuesta de ciudadanos, ante la incómoda pregunta, y no por ello menos punzante, si ¿nos sentimos parte de este enjuague muy edulcorado por una revistita que alguna vez fungió de termómetro político del país o, mejor dicho, de Lima la horrible?
Ni la mujer, ni el hombre, sean cuales fueren los papeles, debe dejarse pisotear por la baladronada de una conveniencia y tampoco quienes debían hablar pueden permanecer mudos sin pecar de cómplices aviesos y comparsas torpes.
