Una vez más el ministro Juan José Santiváñez se ve envuelto en un escándalo de presuntos delitos de corrupción, sin que ninguna de las investigaciones que se le siguen sea motivo suficiente para que la presidente Dina Boluarte retire a este pestífero sujeto de la función pública, donde actuaría como un nuevo Montesinos, confirmando además sospechas sobre honestidad de los miembros del Tribunal Constitucional (TC).
Una grabación difundida por Latina Noticias este viernes con la supuesta voz de Santiváñez señalaría que éste se habría jactado de tener el respaldo de dos miembros TC en el proceso judicial que motivó su restricción migratoria.
En los audios se escucha presuntamente a Santiváñez hablando con un cliente y dice: “Señito, estoy moviendo cielo y tierra, no se preocupe”, en referencia al caso donde se le imputa haber recibido aproximadamente US$20 mil por gestionar favores ante el TC.
En otra grabación hay más detalles sobre sus maquinaciones legales. “Señito, nosotros estamos trabajando para que eso no sea así. En este caso, esto ha ocurrido así porque el ponente, lamentablemente, se cerró y es un antipolicía. Por eso. Pero estamos trabajando, nosotros tenemos a dos magistrados del TC que nos están apoyando”, dice en la conversación.
Al ahora ministro de Justicia la Fiscalía lo investiga por supuestamente recibir al menos 20 mil dólares de una familia que representaba como letrado, a cambio de ejercer influencia en el TC.
El Poder Judicial ordenó contra él 18 meses de prohibición de salida del territorio nacional, que fue temporalmente suspendida, del 6 al 11 de septiembre, para que viaje a Suiza, donde fue motivo de verguenza para el Perú al defender la ley que amnistía a militares y policías que perpetraron muy graves delitos contra campesinos durante la lucha contra el terrorismo y cometieron asesinatos, violaciones, torturas y otros, parte de ellos contra niños.
Para la Fiscalía, Santiváñez habría recibido pagos para influir en decisiones judiciales favorables a su cliente a través de diálogos que mantuvo con una persona vinculada al presidiario Miguel Marcelo Salirrosas.
El Ministerio Público puso en autos al Poder Judicial acerca de pruebas incriminatorias que obran en su poder y son más de mil mensajes de WhatsApp, 77 audios y 34 imágenes y archivos PDF que involucran a Santiváñez desde que éste se desempeñaba de abogado defensor del interno hasta su nombramiento en el cargo de ministro del Interior.
En el sector público es usual que se retire del cargo a todo empleado investigado por un delito, sobre todo, uno que podría repetir en el ejercicio de sus funciones, por ejemplo, no se puede mantener en la Tesorería a alguien investigado por delito contra el patrimonio. No puede ser profesor alguien investigado por delitos sexuales contra menores.
Pero Boluarte, al mantener contra viento y marea a este sujeto, primero de ministro del Interior, luego de asesor de Palacio (donde despachaba con ministros) y después de ministro de Justicia, destruye la institucionalidad del Estado y la saludable práctica en la gestión pública.
No sólo eso, los ministros nombrados por la mandataria constituyen el gabinete más hediondo de la Historia al contar 11 de ellos con unas 40 investigaciones.
Contacto con presos
La conducta de Santiváñez, según estos audios, revelaría todavía un lado más siniestro en el uso de su cargo público, pues estaría o está utilizando las comunicaciones con presidiarios para obtener beneficio propio. Pero eso no queda allí, sino que siendo ministro de Justicia no quiere ejecutar una medida de emergencia en favor de la ciudadanía que sufre el azote de la criminalidadad, pues su ministerio podría, como medida de emergencia, prohibir las visitas a los presos y mantenerlos incomunicados pues es el contacto constante con el exterior, ya sea de forma presencial o telefónica, el que permite a los reos perpetrar delitos graves desde las cárceles. Y eso lo sabe muy bien Santiváñez, porque propuso que en el proyecto de construcción de un nuevo penal en la isla El Frontón los presos, que serían de alta peligrosidad, estén incomunicados.
