Jhon Valdiglesias Oviedo*
La reciente actualización de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) trajo buenas y malas noticias para el Perú. Si bien proyecta que nuestra economía crecerá un 3,1 % en 2025, superando el promedio regional de 2,2 %, la verdad es que ese crecimiento ya no basta. No estamos dentro de las cinco economías que más crecerán en América Latina este año, y mucho menos somos líderes en ingreso per cápita, innovación o calidad de vida.
¿Qué significa esto? Que si el país quiere salir realmente del subdesarrollo, necesita apuntar más alto: un crecimiento económico sostenido de al menos 6 % anual, acompañado de estabilidad política, inversión privada, reformas estructurales y visión a largo plazo. No se trata solo de crecer, sino de transformar.
Mientras algunos celebran el 3 % como un “buen número”, lo cierto es que con ese ritmo el Perú tardaría décadas en cerrar las brechas sociales, económicas y tecnológicas que nos separan de las economías más avanzadas. Hoy, el país aún enfrenta graves problemas: baja inversión en infraestructura, deficiencias en educación, débil institucionalidad, alta informalidad laboral y una clase política más centrada en la confrontación que en la construcción.
El Perú no puede seguir conformándose con la mediocridad. Debemos soñar en grande y actuar en consecuencia. ¿Cómo? Apostando decididamente por la unidad nacional, una agenda de desarrollo compartida, más infraestructura productiva, un sistema educativo moderno y competitivo, y políticas públicas que estimulen la innovación y la atracción de capital.
El Perú tiene potencial, recursos naturales, talento humano y una ubicación estratégica. Lo que falta es una conducción clara y ambiciosa, capaz de romper con la inercia de los ciclos políticos cortoplacistas. El Perú del mañana se construye hoy. Y no hay tiempo que perder.
Hoy más que nunca necesitamos creer que es posible un Perú más justo, moderno, inclusivo y próspero. Pero no basta con desearlo. Hay que trabajarlo. Con seriedad. Con visión. Con urgencia. Porque crecer al 3 % puede ser aceptable, pero aspirar al 6 % o más debe ser nuestro verdadero objetivo. No por orgullo, sino por justicia, por futuro y por compromiso con las generaciones que vienen.
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
