Jhon Valdiglesias Oviedo*
A diferencia de las guerras convencionales, donde siempre existen enemigos y aliados bien definidos, la Guerra Comercial liderada por Donald Trump presenta una dinámica diferente. En este conflicto, Estados Unidos parece no estar buscando aliados. Un claro ejemplo de esto es la aplicación de aranceles recíprocos a prácticamente todos los países y territorios del mundo. De esta forma, EE. UU. se enfrenta a una amplia gama de naciones, imponiendo aranceles que afectan negativamente tanto al comercio internacional como al crecimiento económico global, e impactan de manera directa a cada país involucrado. En lugar de promover acuerdos comerciales cooperativos, esta estrategia genera tensiones globales que entorpecen el flujo de bienes y servicios, afectando el desarrollo de las economías a nivel mundial.
Las políticas de Donald Trump contrastan notablemente con las de su predecesor, Joe Biden. Mientras Biden promovió un concepto llamado «friendshoring», que busca asegurar el acceso de EE. UU. a mercados y cadenas de suministro globales a través de la colaboración con países aliados y confiables, Trump adoptó un enfoque proteccionista y nacionalista. Esta postura es muy diferente al concepto de «friendshoring» y va en contra de cualquier política de comercio internacional pacífica y sostenible. Sin aliados ni amigos, EE. UU. corre el riesgo de poner en peligro no solo sus propios objetivos económicos, haciéndosele más difícil encontrar aliados.
Aunque Estados Unidos siga siendo la economía más grande del mundo, muchos países están buscando nuevas oportunidades comerciales con otras naciones. China, como la segunda economía global, se encuentra en constante crecimiento y ha lanzado diversas iniciativas, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que busca construir una comunidad de futuro compartido. Estas iniciativas han atraído a varios gobiernos interesados en participar y aprovechar las oportunidades para sus empresas. Mientras tanto, la economía de EE. UU. ha comenzado a perder su estatus como una economía confiable para el comercio internacional.
Durante el primer gobierno de Donald Trump, las pérdidas fueron evidentes: hubo un aumento de la inflación dentro de EE. UU., sin mejoras significativas en el empleo, mientras que el crecimiento económico y tecnológico de su principal rival, China, continuó. Trump podría enfrentar mayores pérdidas a medida que pierde aliados claves, quienes, golpeados por los aranceles, buscarán integrarse más en las iniciativas chinas, algo que precisamente favorece al gigante asiático.
* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
