Jhon Valdiglesias Oviedo*
Perú debe seguir atrayendo inversión extranjera directa (IED) con determinación, buscando acercarse a los niveles que hoy tienen potencias regionales como México, Brasil, Chile y Colombia. Sin embargo, más allá de incrementar los flujos de capital, es urgente que el país aproveche el tiempo aplicando una estrategia más ambiciosa e inteligente, inspirada en el modelo chino. China logró un desarrollo acelerado desde los años 80, gracias a una política que combinó atracción de IED con zonas económicas especiales, ventajas fiscales y estabilidad macroeconómica, lo que permitió no solo recibir inversión extranjera, sino también fortalecer el ecosistema empresarial local y fomentar la transferencia de tecnología. Este enfoque permitió que China pasara de ser una “fábrica del mundo” a un líder tecnológico global, con marcas como Huawei, Lenovo y Xiaomi que hoy compiten internacionalmente.
En contraste, Perú ha recibido importantes inversiones en minería, energía, infraestructura y telecomunicaciones, pero aún no ha logrado transformar esa inversión en un motor para la creación de empresas locales con alcance global. La ausencia de una estrategia industrial clara, la baja inversión en innovación y un ecosistema empresarial poco dinámico han limitado el surgimiento de marcas peruanas reconocidas internacionalmente. A pesar de que Perú recibe menos IED que otros países latinoamericanos, tiene una oportunidad histórica para seguir una ruta similar a la china, fortaleciendo su sistema productivo, apostando por la tecnología y creando un entorno favorable para el nacimiento y crecimiento de empresas nacionales competitivas.
Infraestructuras estratégicas como el megapuerto de Chancay y el proyecto del tren bioceánico pueden ser pilares fundamentales para replicar el modelo chino en Perú. Estas obras no solo mejorarán la conectividad y la logística regional, sino que pueden convertirse en plataformas de industrialización y generación de valor agregado, siempre que estén acompañadas de políticas que impulsen la creación y expansión de marcas peruanas. Para lograrlo, el país debe ver la IED no solo como financiamiento externo, sino como una oportunidad para la transferencia tecnológica, la capacitación de talento local y el desarrollo de cadenas productivas que fortalezcan una industria nacional sólida y con proyección global.
En definitiva, Perú necesita avanzar más allá de solo atraer inversión extranjera. Debe transformar esa IED en un motor de crecimiento productivo con valor agregado, inspirándose en la experiencia china para crear un ecosistema empresarial dinámico, tecnológico y competitivo. Solo así podrá dar un salto hacia un desarrollo sostenido, inclusivo y con identidad propia en el escenario internacional.
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* Investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (CEAS). Doctor en Economía Internacional por la Universidad de Economía y Negocios Internacionales (UIBE), China. Máster en Estudios Asia-Pacífico con especialización en China por la Universidad Nacional Chengchi (NCCU), Taiwán.
