Por Herbert Mujica Rojas
Estoy de acuerdo en que la Comisión de Ética los juzgue. Pero si hay alguna posible pena será aquella que se refiera a su inocultable idiotez congénita. Además, a quien tomó las fotos hay que enseñarle ciertas técnicas de cómo no ser robado en momentos tan convenientes. ¿Qué dirá por explicación el señor Torres Caro? También debía ser sancionado. Y si no hay en el escalafón parlamentario una punición ad hoc, pues que la incorporen: ¡Al rincón con su sombrerito por burros y quince días ―mejor un mes―de suspensión sin goce de haber!
Estas coincidencias noticiosas tienen el sino impugnable de abrir válvulas y de distraer a la muy maleable opinión pública. ¿Puede ser noticia que dos legiferantes bailen y celebren? No del todo. Es cierto que con el dinero de los demás peruanos que sufragan sus sueldos. Pero ¿quién aclara, por lo menos, las dudas en torno al escándalo de las camionetas, la firma Gildemeister y sobre los no-renunciantes eternos amén que marionetas de un juego peligroso y envilecedor?
