Las protestas de estudiantes de los liceos, donde estudian el equivalente a una segunda etapa de la educación secundaria, parece no tener pronta solución y han puesto de relieve la precariedad del sistema educativo francés, la incapacidad del presidente Emmanuel Macron y las consecuencias de privilegiar el presupuesto para el régimen corrupto de Ucrania en lugar de para los franceses.
Por un lado, los estudiantes tienen razón en exigir que se invierta en educación al menos subsanando las serias deficiencias expuestas los días de protesta.
Por otro lado, resulta inaceptable que bajo el pretexto de las exigencias se incendien centros educativos y hasta se queme la fachada de una parroquia católica, como sucedió en Estrasburgo con la iglesia Santa Magdalena, donde los estudiantes armaron una barricada al lado de la parroquia y prendieron fuego, el cual, intencionalmente o no, avanzó hasta quemar la parte frontal.
La política francesa que se arrastra de muchos años atrás, de tolerar la inmigración indiscriminada de gente de una cultura diferente, en su mayoría islámicos, que desprecian los valores occidentales y cristianos está cobrando factura no ahora, sino que existe una larga lista de atentados contra medios, personas, instituciones, que son perpetrados por los islámicos.
Las masas migratorias tienen ya una segunda y hasta tercera generación en Francia, donde, en lugar de respetar al país que los acogió, rechazan sus valores, su cultura y su gente. No solo eso, exigen que los franceses cambien su vestimenta, desechen sus símbolos religiosos amparados en leyes atizadas en parte por los traficantes de inmigrantes y por qué no, por sociedades secretas que buscan destruir la tradición occidental y cristiana de Francia.
Otras voces acusan a Jean-Luc Mélenchon, considerado de la izquierda radical, de alimentar los disturbios violentos, que han dejado más de 3,000 detenidos, incendios, además de más de mil centros educativos paralizados, interrupción del transporte y otros. También se cuentan más de sesenta heridos en las fuerzas del orden y unos 170 estudiantes heridos, según informa la prensa de ese país.
El primer ministro Sébastien Lecornu acusó al partido de extrema izquierda “La Francia Insumisa” de explotar la ira de los estudiantes con fines partidistas.
Marine Le Pen también culpó al partido de Mélenchon (LFI) de los disturbios, los cuales, según dijo, ya no son solo protestas estudiantiles, sino disturbios organizados por profesionales y supervisados por parlamentarios de “La Francia Insumisa”, por lo que solicitó una nueva ley antidisturbios.
Mélenchon aduce que respalda protestas pacíficas, pero sostiene que el caos es reacción al estado “lamentable” de la educación nacional tras los nueve años de mandato del presidente Emmanuel Macron.
De otro lado, el control del desorden también fue lamentable y se reportó en las redes sociales que un adolescente fue alcanzado a corta distancia por un proyectil disparado desde un lanzagranadas policial. El miércoles, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció que investigarán tres incidentes en los que estudiantes resultaron presuntamente heridos por las fuerzas del orden.
El retroceso de la calidad educativa en Francia no solo es expresado por los estudiantes. Un estudio de la OCDE que abarca a múltiples países, publicado en septiembre, señala un deterioro continuo en las habilidades de lectura de los alumnos y una caída sin precedentes en matemáticas.
