| …..Cecilia Blondet |
por Herbert Mujica Rojas
Va haciéndose una incontrovertible desfachatez la integridad del espectáculo, empujado desde una comisión inepta, la PCM, Palacio y el Congreso, en torno al profesional para la Contraloría General de la República. ¿Cómo pueden equivocarse tanto los supuestos capaces y enterados? Algo está fallando y de manera catastrófica en Perú. Que, pasadas largas semanas y con dos abortos irreversibles, el país carezca aún de titular de esta importante institución genera suspicacia. ¿Por causa de qué los contadores, que hicieron su propio concurso, no defienden a su candidato y lo reivindican? En el peor de los casos, el Colegio de Contadores jamás haría ridículos como los vistos.
Hasta donde recuerdo el Colegio de Contadores presentó una terna y entre ellos un candidato principal que se impuso por sus calificaciones a los otros dos. El decano Luis Alberto Latínez, fue a Palacio y entregó por mesa de partes, el acuerdo suscrito por su entidad. De la bondad exacta o pulcritud de los métodos y eficiencia para escoger al mejor de esa terna es un asunto del que deberán dar cuenta los responsables del CPC.
Si el país requiere de institucionalización y el Estado, gobierno, Congreso y burocracia sólo caminan por el ridículo de yerros recurrentes y torpísimos, entonces ¿qué impide que los Contadores defiendan a su postulante? Tengo la impresión que no sería sino la ratificación de un acto y de una liza importante. ¿No es la democracia una convivencia que nace desde abajo hacia arriba?
No parece tan disparatado el asunto. El mecanismo ya funcionó, no obstante las presiones abominables de las que el país ha sido testigo. A una payasada sucedía otra en una comedia interminable de mentiras, disfraces y majaderías intragables. Entonces ¿no es una manera amistosa y ecuánime optar por una fórmula gremial que funciona en otras partes?
Los contadores y las auditorías a nivel estatal ciertamente que guardan relación íntima. Los intríngulis no son siempre fáciles de resolver y demandan años de aprendizaje para escudriñar sus soluciones si es que éstas alguna vez arriban a buen puerto. Por eso la intromisión de aventureras o insolentes improvisados sólo iba a construir groserías lesivas a la integridad moral del Perú. La mejor manera de santificar el robo sistemático era el que se estaba siguiendo por inercia e irresponsabilidad. Si existen otras rutas entonces que se enuncien. A mí toca esta sugerencia modesta aunque estoy cierto que siempre será mejor que el cúmulo de adefesios producidos hasta hoy. Es hora de cambiar este menú deprimente e inmoral.
¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!
¡Rompamos al pacto infame y tácito de hablar a media voz!
¡Sólo el talento salvará al Perú!
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