¿Qué puede hacerse cuándo la casi totalidad de medios de comunicación maneja orientaciones que excluyen al ciudadano de a pie, salvo cuando se trata de despanzurramientos grotescos, violaciones flagrantes de menores de edad, accidentes automovilísticos atroces y múltiples escenarios que no alcanzarían páginas miles para redondear inventarios?
La noticia es básicamente cualquier hecho teñido de sangre, balaceras interminables, ajustes de cuentas insólitos y desmanes cotidianos.
La estupidización masiva es un hecho que viene en una televisión a lo American way of life pero sin sus dólares o bellas rubias curvilíneas que generan irrealidades en países en que la miseria comienza, apenas bajando de la cama para significar las crueles agendas cotidianas obesas de problemas y tan carentes de dinero, hasta el más elemental.
La resistencia como un deber consiste también en no aceptar como cierto a rajatabla todo lo que emitan los miedos de comunicación. La duda constructiva y edificadora de alternativas, es un estadio cívico indispensable.
Años atrás (2009), el escritor chileno Hernán Narbona formuló una combinación simple pero potente de palabras: Resistencia Cívica Activa. Discurre aquél por una exégesis que no descarta alusión a los farsantes que predican una moral pero practican otra conducta para así cobrar en dólares o euros lo que sus falsías pregonan.
No evita, el sureño y más bien señala, cómo funcionan estas perversas maquinaciones en nuestro tiempo. Y subraya, eso sí, el significativo poder que adquiere la navegación en Internet. Y esa lección es indubitablemente valiosa. Leamos líneas esenciales.
“Hay que desconfiar de quienes se erigen en escrutadores de las conductas públicas y se visten de intachables ocultando sus vinculaciones e intereses.
Es la ciudadanía en forma organizada a través de sus redes sociales, la principal protagonista de las estrategias anticorrupción y se complementa con una prensa libre, capaz de abordar con rigurosidad los hechos que implican corrupción, para transparentarlos y dejarlos a descubierto.
Para procurar un país más honesto, se debe auditar los actos públicos y privados mediante la participación proactiva de la ciudadanía, con redes sociales que difundan, denuncien y den seguimiento a los hechos de corrupción, sin cejar en esta labor para así llegar al fondo de los temas. Muchos casos se judicializan y quedan fuera de la noticia, apagándose gradualmente la presión comunicacional sobre esos procesos.
Nuevas noticias cubren la antigua y el periodismo cotidiano salta a esos nuevos temas. Sin ni siquiera pensar en cortinas de humo, es evidente que frente a temas difíciles los afectados siempre buscarán tirar otros hechos a la pauta noticiosa y así pasar el temporal, esperando que se aquieten las aguas.
Por ello, es necesario un periodismo investigativo, que trabaje de manera persistente para fundamentar sus denuncias, permitiendo levantar expedientes sólidos que facilitan mantener latente lo descubierto para evitar este efecto.
El periodismo libre, el cyber periodismo, periodismo digital, tienen una gran labor cívica en este ámbito. Las redes de periodismo digital son también valiosos ejemplos de un periodismo ciudadano, que releva los espacios locales, acercando el medio a la gente, la misma que se convierte en reporteros en terreno.
Si se agrega el poder que dan las tecnologías difundidas y al acceso de la población, como celulares, WiFi, internet portátil, la cantidad de observadores de los acontecimientos se eleva a dimensiones nunca vistas, lo cual alimenta la realidad al instante,con redes globales como Twitter o Facebook.
Si todo este ambiente tecnológico es puesto al servicio de principios de transparencia y fiscalización del mercado o de los organismos del Estado, se puede lograr un mayor empoderamiento de la ciudadanía, que nadie podrá coartar con aspiraciones autocráticas, porque ya se les fue de las manos a esos que querían controlarlo todo.
Todo lo expresado conlleva a profundizar la democracia y construir de nuevo confianzas en las instituciones. La corrupción en Chile ha sido y es un fenómeno grave, por más que de la comparación regional salgamos como «menos corruptos». El comentario viene al caso de Chile Transparente, que se suponía una cúpula de cristal inmaculada, el máximo escrutador de la sociedad. Sin embargo, vemos que en esas supuestamente probas instituciones sin fines de lucro, se instalan representantes de poderes económicos y políticos.
Chile Transparente se ha evidenciado cooptado por poderes fácticos que cuotean y equilibran su influencia, pero hacen vista gorda o miran para el lado cuando se habla de transparentar los actos de corrupción que se dan en las cúpulas del poder económico y político, como el caso de colusión oligopólica de grandes cadenas de farmacias, o bien los manejos bursátiles oscuros, con uso de información privilegiada o manejos desleales que no respetan los principios declamados de la libre competencia.
Por todo esto, desconfiemos de quien se autoproclama como profeta de la anticorrupción. POR SUS OBRAS LOS CONOCEREIS señalan los evangelios. Mejor creamos en los periodistas y comunicadores comprometidos con la búsqueda de la verdad, confiemos en redes sociales que crucen información y sustenten comunicacionalmente las acciones de los ciudadanos organizados. Es un desafío que no se puede eludir. Frente a la corrupción y los delitos de cuello y corbata, no hay que bajar la guardia y hay que promover en Chile una resistencia cívica activa”.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
10.04.2026
hcmujica@gmail.com
