Según Clemente Palma, sólo los blancos merecen sobrevivir en el Perú porque son nerviosos, bellos e inteligentes. Por el contrario, “la indígena es una raza embrutecida por la decrepitud. Es por su innata condición, inferior, y por los vicios de embriaguez y lujuria, un factor inútil. Los elementos inútiles deben desa-parecer y desaparecen”
«No queremos oír otra vez las monsergas del hortelano panzón ni presenciar las atrocidades del caco japonés.»
“Hay un medio para ayudar a la acción evolutiva de las razas: el medio empleado en Estados Unidos. Ese medio es la exterminación a cañonazos de esa raza inútil, de ese desecho de raza”.
Aunque escrita en 1897, esta tesis académica siempre ha tenido adeptos peruanos, sobre todo entre individuos que no comparten los supuestamente excelsos rasgos blancos. El mismo Clemente Palma -descrito por su contemporáneo Alberto Hidalgo- era “zambo, casi negro, paradas las orejas como las de un murciélago, los belfos gruesos, carnosos y volteados, la cara enjuta, los ojos, unos ojos de renacuajo y los bigotes crespos llevados a la Káiser…”
Como en el caso de Palma, el racismo en el Perú es una pasión ilusoria. No es practicado por blancos puros, que aquí no existen, sino por quienes aspiran a serlo, cholos, zambos, blancoides e indioides, todos los cuales se blanquean choleando. Su “blanco” preferido es el indio, el provinciano, ahora el “antiminero” supuestamente “opuesto a la modernidad y el progreso”.
“LOS INDIOS SEÑOR”
El taxista que me trajo del aeropuerto –por ejemplo- se creyó obligado a informarme que “ya estamos a punto de ser un país del primer mundo… Solamente nos faltan unos centímetros, señor”.
Aunque sus rasgos eran aindiados, de inmediato se quejó de los indios:
-Lima está llena de “malls”. Esto ya podría ser el primer mundo. Pero ¿sabe quienes lo impiden?… Los indios, señor. Los provincianos. Los antimineros. Se oponen a que nos instalen la mina de oro más rica del mundo. Dicen que el agua va a ser contaminada y que sus hijos van a morir envenenados. ¡Y eso qué nos importa señor! ¡Hay que pagar por el progreso, señor! ¡Usted que fuera!
En el camino, el chofer me ofreció algunos diarios de la semana pasada. A pesar de tener fechas distintas, todos hablaban de lo mismo y satanizaban con diversos apelativos a las autoridades de Cajamarca.
Por fin, al llegar a casa, leí los resultados de una encuesta de opinión que muestra los efectos de esa campaña en Lima. A pesar del número de muertos ya ocasionado entre los campesinos de Cajamarca, un elevado porcentaje de gente demanda aplastar a la población que se opone al proyecto minero Conga.
Obviamente, los encuestados son personas como mi taxista. No han leído jamás un libro, y lo que saben sobre la actualidad lo han aprendido en las portadas que leen de relancina en los kioscos de periódicos. Los deportes, las fotos de traseros y las consignas bestiales contra la gente del campo les bastan para alimentar su espíritu.
GENOCIDIO
Y eso es lo peligroso. Hemos vivido hace poco el espanto sin fin de una guerra étnica. A la violencia surgida en el campo se opuso una guerra de tierra arrasada, pueblos borrados del mapa, familias sospechosas por tan sólo el lugar de su nacimiento o sus centímetros de sangre indígena, cuarteles convertidos en cementerios y grupos impunes encargados de las muertes selectivas. Como el genocidio comenzó contra los indígenas de los Andes, los supuestos blancos de la capital no le dieron mucha importancia.
Decenas de miles de personas fueron empujadas a las prisiones luego de procesos que no duraban más de una hora y cuyos resultados no son demasiado creíbles. En competencia por ser el más perverso, el gobierno de Alan García suprimió de forma abusiva, los beneficios carcelarios de ese tipo de presos.
Embistiendo contra el Perú andino, la guerra étnica de Fujimori no sólo mató personas. Mató también el amor y el respeto por la vida. En las palabras de su capellán, convirtió los derechos humanos en una “cojudez”.
Exterminó del espíritu juvenil las ideas de sacrificio y de filantropía. Hizo que los dueños de los bancos y de la prensa salieran del closet para mendigar las dádivas de Montesinos. Al resto del Perú lo convirtió en testigo pasivo de una sangrienta infamia.
No queremos oír otra vez las monsergas del hortelano panzón ni presenciar las atrocidades del caco japonés. Al presidente Humala lo hemos elegido porque nos prometió el cambio, y no la repetición, y… todavía esperamos… Cambiar la historia será para él la única forma de pasar a la historia.
Eduardo González Viaña
Crónica Colaborador
La Primera, 08-07-12

1 comentario
Un 3% miserable del Canon minero vale mas que las
Es realmente trizte como las personas son transformadas por el odio racial que ocultan dentro de su ser estos mestizos medios blancos que se creen superiores a los demas.
Son 18 anos que Yanacocha no cumple con ninguno de sus compromisos con el Estado, ni con el pueblo de Cajamarca; hay anos que se han pagado parciales del Canon minero, deben todos los acuerdos en meza de dialogo y desconocen las indemnizaciones a los afectados por los toxicos mineros muriendo miles atravez de los anos, el Sr. Roque Benavides tampoco quiere pagar el sobre presio a los minerales, y este Sr. Oscar Valdes y el Sr. Roque Benavides son los responzables politicos de estos excesos de violencia, y hay pruebas y testigos por todos lados.
Que es lo que hace la prensa fuera de ser parte de estos temas economicos; desinforma para culpar a las autoridades elegidas por ese pueblo; desconociendo todas las denuncias de todos estos 18 anos. Es mas que racismo es desprecio y odio hacia estas personas que jamas les quito nada a los capitalinos, al contrario estos ultimos se creen con derecho de hasta quitarles *******, por que en 1993 se perdio el estado de derecho del ciudadano, de la Nacion Peruana; y se le otorga el respaldo de el gobierno,el estado, y las FFAA y PNP al derecho de estado a La Economia de Mercado, en una forma dictatorial y facista se implanto esta constitucion espuria, que proteje la corrupcion y la impunidad, convirtiendonos en un Narco Estado. Esta Costitucion no tiene marco legal que la respalde, porque no se hizo en forma pacifica, en democrasia y no participaron todos los representantes politicos del Peru, ni tampoco los Colegios profesionales, ni los gremios de trabajo y produccion. es nuestro deber debolverle la democrasia y el estado de derecho al pueblo peruano con una nueva constituyente que sea moderna y con leyes muy severas contra la corrupcion y que realmente nos lleve a un desarrollo y no solo a la extraccion de nuestras riquezas; que el pueblo en mas de un 50% la esta pasando mal y este boom economico es producto del lavado del narcotrafico, coludidos con los entes de Poder Economicos y una terrible maffias que han invadido el sector publico y privado.