Hugo de Zela, canciller peruano
La reciente captura y secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, debe servirnos para reflexionar en el alto precio que el Perú paga en imagen por culpa de la cancillería.
Para empezar, tenemos que la crisis actual de inmigración venezolana se encendió por la postura servil de la diplomacia peruana que se empecinó en la condena a Venezuela por no tener elecciones libres y no respetar los derechos humanos. ¿Qué podía y puede importarnos, qué nos quitaba o quita, que en Venezuela haya un gobierno dictatorial?, ¿qué tenemos que ver con que allá se violen o no los derechos humanos? Y bien, la diplomacia de Torre Tagle nos metió en ese enredo y así tenemos la inundación de migrantes venezolanos, que no hubiera ocurrido con la intensidad y cantidad que hoy vemos, si a tiempo el Perú hubiese manifestado su neutralidad. La posición del pueblo peruano siempre ha sido clara: “¡Allá ellos, que se las arreglen con sus dictadores y corruptos!, ¡eso no es nuestro problema!” Pero como somos un país gobernado por una dictadura corrupta pro crimen, se hace lo contrario al deseo del pueblo.
Ahora
La madrugada de este sàbado, como culminación temporal de una presión militar estadounidense que puso un portaaviones y varios buques de guerra en el mar venezolano, EE.UU. atacó, capturó al presidente Nicolás Maduro* y lo ha llevado secuestrado al territorio de EE.UU. Debe señalarse que sospechosamente la fuerza armada venezolana opuso muy poca resistencia.
Una forma de enfocar el caso es mirar al individuo y determinar si presuntas actividades delictivas de Maduro lo hicieron pasible de secuestro y posterior condena por parte de la justicia estadounidense. Diríamos que hay duda, porque EE.UU., para cumplir sus objetivos de agresión, engaño y colonialismo, esconde cosas, pone cosas o crea delitos y acusaciones. Por ejemplo, ese país ha asesinado, alegando que eran traficantes de drogas, a más de cien ciudadanos de Colombia y Venezuela que iban en sus embarcaciones. ¿Por qué en todos estos casos de asesinato no capturaron a los pescadores, no adjuntaron pruebas ni las hicieron evidentes ni se tomaron el trabajo de poner a los hombres de mar en manos de la justicia? Frente a eso, ¿la timorata y mediocre diplomacia peruana salió en defensa de la justicia y pidió rendición de cuentas a EE.UU. por la matanza?
Frente al secuestro de Nicolás Maduro, en vez de condenar la flagrante intervención en los asuntos internos de un país soberano, la Cancillería ha emitido un balbuceante pronunciamiento que más parece el borrador de un tema preparado por un alumno de secundaria.
Pero el ímpetu de Donald Trump va más allá. En una entrevista que dio en su residencia, el presidente dijo: “Vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición pacífica, adecuada y juiciosa”, declaración que es tan grave como el ataque militar y el secuestro, o más grave aún. Como si los venezolanos fueran discapacitados mentales o niños que necesitan la tutoría de alguien, Trump, como invasor colonial, se atribuye el “derecho” de gobernar un país soberano y hacer allí lo que le venga en gana, incluyendo la descalificación de la opositora Corina Machado: “Creo que le sería muy difícil estar al frente del país. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto” (¡tanto nadar para morir ahogada en la orilla!).
Arrogarse la facultad de gobernar otro país es coherente con otro disparate de dicho personaje, que hace pocos días dijo el 17 de diciembre en su red Truth Social que Venezuela robó a EE.UU. petróleo y tierras. Para este señor los venezolanos no tienen derecho de administrar sus riquezas naturales ni de elegir libremente quién los va a gobernar. ¿Qué dirán los venezolanos opositores del régimen bolivariano?, ¿estarán contentos con el trato de colonia que EE.UU. da a su país?
En resumen, de EE.UU. tenemos lo siguiente:
—Atribuirse propiedad del petróleo de Venezuela
—Atacar militarmente a Venezuela y secuestrar a su presidente
—Gobernar Venezuela colocando un gobierno títere

Antonio Guzmán Blanco, presidente de Venezuela en los períodos 1870-1877, 1879-1884 y 1886-1888
Todo lo cual hace contando con la segura y vergonzante sumisión de la mayoría de países de América Latina. A ver si ante todo este paquetón colonialista, los mantenidos y sinvergüenzas de la Cancillería peruana transmiten la voz de protesta y la solidaridad que los peruanos deseamos expresar por Venezuela en este momento crítico, recordando siempre que el único gobernante de América que durante la agresión chilena contra el Perú dio la cara valientemente por nuestra patria fue Antonio Guzmán Blanco, presidente de Venezuela.
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* Puede haber cometido delitos o no. Lo importante es no reconocer a EE.UU. el derecho de atentar contra la soberanía de un país.
Ver también
Presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco denuncia la agresión chilena en la Guerra del Salitre
Comunicado cantinflesco del Perú sobre el ataque a Venezuela
Diversos países del mundo y el alcalde de Nueva York condenan ataque a Venezuela
