Un estudio realizado en la Universidad de Stanford reveló que las emisiones de las hornillass de gas aumentan significativamente el riesgo de cáncer, hasta 16 veces más en niños que en adultos.
El equipo investigó los impactos en la salud del 5% de las hornillas de gas con mayor emisión de benceno, utilizadas por 6,3 millones de estadounidenses.
El benceno es un carcinógeno conocido que se ha relacionado con múltiples tipos de cáncer, en particular la leucemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que no existe un nivel seguro de exposición a largo plazo al benceno.
Estas hornillas emiten benceno al quemar propano o gas natural. Al inhalarse, esta sustancia química tóxica provoca cambios en la función celular que pueden provocar cáncer y otros problemas de salud.
Riesgo es mayor en departamentos que en casas
El equipo analizó la exposición al benceno en distintos tipos de viviendas y descubrió que los departamentos presentaban el mayor riesgo de cáncer, seguidos de las casas adosadas, las casas prefabricadas y las viviendas unifamiliares con un uso elevado de estufas y sin ventilación.
Según los investigadores, en departamentos sin ventilación con un uso elevado de hornillas de gas, hasta 16 de cada millón de niños podrían desarrollar cáncer por exposición prolongada al benceno.
Para los adultos que viven en las mismas condiciones, el riesgo también es significativo, con hasta ocho de cada millón potencialmente desarrollando cáncer.
Esto supera con creces el límite de seguridad de la OMS para el efecto cancerígeno del benceno, establecido en un caso por cada millón de personas, lo que sugiere que estas hornillas podrían estar impulsando una crisis de salud pública.
Teniendo en cuenta que 6,3 millones de personas en EE. UU. podrían estar expuestas a niveles elevados de benceno provenientes de hornillas de gas, los investigadores estiman que podría haber entre 16 y 69 casos adicionales de leucemia al año.
El equipo definió el uso medio como el uso de una hornilla por la mañana y dos por la noche durante 30 minutos cada una, sin el horno, lo que refleja la cocina diaria típica.
El uso alto implicaba una cocción más intensa: dos hornillas por la mañana, cuatro por la noche (41 minutos cada una), además del uso del horno a 175 °C durante más de dos horas.
Los investigadores utilizaron estudios previos para estimar la cantidad de benceno que se libera durante los escenarios de cocción a baja, media y alta temperatura, y luego modelaron los niveles de exposición en diferentes tipos de hogares y escenarios de ventilación.
Al analizar todos estos factores, el equipo determinó la cantidad de benceno que inhalan las personas que usan estas estufas, según la habitación en la que se encuentren, el tiempo que permanecen allí y la frecuencia con la que cocinan.
Los investigadores descubrieron que en entornos sin ventilación con un uso elevado de la estufa, los niveles de benceno en las cocinas alcanzaron un máximo de entre 1,7 y 3,35 partes por billón (ppb), muy por encima del límite de seguridad de California de 1 ppb.
Pero este contaminante tóxico no solo se encuentra en las cocinas. Tras una o dos horas de cocinar, los investigadores descubrieron que también se propaga a otras partes de la casa, incluyendo los dormitorios, lo cual es peligroso debido al tiempo que las personas pasan en los dormitorios.
Los departamentos, especialmente los pequeños, registraron las concentraciones más altas en los dormitorios, con 3,3 ppb, pero otros tipos de viviendas también mostraron niveles alarmantemente altos, todos por encima del límite de seguridad de 1 ppb.
Una ventilación adecuada redujo significativamente estos niveles de exposición. El uso de una campana extractora de alta eficiencia redujo los niveles diarios de benceno en la cocina en un promedio de 0,21 ppb, y mantener todas las ventanas abiertas durante el día redujo los niveles hasta en un 99 %.
Incluso abrir las ventanas durante unas pocas horas al día redujo la exposición al benceno hasta en un 42 %, indica el estudio publicado por la Universidad de Stanford.
Con un uso de la cocina bajo o medio, la mayoría de los hogares se mantuvieron por debajo del umbral de 1 ppb, incluso sin ventilación suficiente.
Con base en estos niveles de exposición, los investigadores calcularon el riesgo de cáncer tanto para adultos (de 18 a 65 años) como para niños (de uno a 17 años).
Los investigadores descubrieron que la ventilación reducía, pero no eliminaba, el riesgo de cáncer. Solo el caso extremo de mantener las ventanas abiertas todo el día acercaba los riesgos a niveles aceptables.
Con base en estos hallazgos, el equipo estimó entre 16 y 69 casos adicionales de leucemia al año entre los estadounidenses que tienen estas hornillas y que se encuentran en la categoría de “uso intensivo”. Además, estos casos se dan principalmente en niños.
Para quienes se encuentran en la categoría de “uso moderado”, estimaron un exceso de 10 casos al año.
Aunque estas cifras se basan en estimaciones y no en datos reales de casos, indican un riesgo para la salud significativamente elevado para los usuarios de estufas de gas, especialmente para los niños.
En general, este estudio subraya la importancia de una ventilación eficaz y destaca la necesidad de políticas y estrategias para mitigar la exposición al benceno de las estufas de gas, especialmente para las poblaciones vulnerables como los niños, concluyeron los investigadores.
El estudio no ha incluido el nivel de contaminación en cocinas de restaurantes, el cual debe ser todavía mayor y debería llevar a las instituciones de salud a mejorar la ventilación en estos lugares.
